Por RedComSur ***

El 9 de julio sintetizó, como pocas veces en estos tiempos de pandemia, lo que está ocurriendo en la Argentina. Hubo tres fotos, tres imágenes simbólicas y sintomáticas que invitan a repensar, no sólo lo que estamos haciendo, sino como nos paramos frente a esa realidad, al lado de quien o quienes, y otros tantos para qué.

Uno de los retratos fue la agresión a los periodistas en Buenos Aires. La derecha y su capacidad innata por la violencia, por la supresión del que disiente con ellos.

En la otra vimos al presidente de la Nación rodeado por dos dirigentes sindicales y altos representantes de la Unión Industrial Argentina, Sociedad Rural, Bolsa de Comercio y la Cámara de la Construcción.

En la tercera, el pueblo de Reconquista en la provincia de Santa Fe organizado, saliendo a la calle detrás de una Multisectorial conformada por sindicatos, organizaciones sociales, estudiantes, vecinales,  experiencias de base, cooperativas, organismos de derechos humanos. Planteando la intervención del Estado, la no extranjerización de la empresa Vicentín y sosteniendo su expropiación.

Los grandes medios de las corporaciones se quedaron en sus titulares y editoriales con las dos primeras fotos. ¿Por qué será? La decisión de corte de la realidad nuevamente la definieron las empresas mediáticas de la ciudad de Buenos Aires, que se volcaron de lleno a denunciar la agresión de la derecha, saturaron las redes con denuncias  y fotos de los agresores. Y como viene ocurriendo con frecuencia hace tiempo, se produjo un efecto cascada hacia una porción importante de medios y redes de todo el país.

Pocos hicieron mención al segundo retrato, a lo que esa imagen significaba en lo político, lo económico, para el futuro del país y de los trabajadores. Ninguno se ocupó por conocer y posteriormente difundir lo que había pasado en Reconquista o Rosario inclusive.

Estas tres situaciones presentadas forman parte de la realidad, pero el abordaje, las prioridades, los protagonistas, los elegimos quienes hacemos comunicación. No podemos aducir que la agenda nos la imponen los medios concentrados, y que no estamos en condiciones de enfrentar su poder, aparentemente, ilimitado.

Hay mucho de ombligo, de auto referenciación, de falta de conocimiento del país profundo, de falsos protagonismos, de andar detrás de los acontecimientos y no ser capaces de armar nuestras propias estrategias, contenidos y agendas. Y de esto no tiene la culpa el gobierno de Alberto Fernández.

*** Red de Comunicadores del MERCOSUR.