Por Roberto Samar   ***

Roberto Samar se pregunta cuál debería ser nuestro rol como comunicadores y comunicadoras frente a una mirada racista, clasista y eurocéntrica que tiene un fuerte anclaje en el sentido común y que aparece en redes sociales, medios de comunicación y comentarios de lectores.


Desde Neuquén

Las miradas racistas nos atraviesan. Son miradas que jerarquizan, que colocan a determinadas personas sobre otras. Esta jerarquización tiene varias funciones: legitima la vulneración de derechos de determinados sectores y facilita la construcción de un enemigo, al cual responsabilizaremos de nuestros problemas.

Julio Cesar Monasterio, profesor de la Universidad Nacional del Comahue, señaló: “el sujeto moderno, blanco, varón, europeo, heterosexual, civilizado, desarrollado, de elite, se constituirá en oposición a ese otro, negro, mujer, no europeo, homosexual, bárbaro, subdesarrollado, popular, que debe ser invisibilizado y/o visibilizado negativamente, que aparecerá por fuera de la historia o en un estadio inferior, como en la edad de la infancia y de la ignorancia. Esta estrategia de constitución del sujeto moderno será el pilar de la expansión europea hacia los escenarios regionales del sur que, como plantea Albán Achinte (2008) se fundamentó en cinco pilares: una sola raza, una sola lengua, una sola religión, una sola historia y un solo género. Todo lo demás será estigmatizado y construido desde una visión negativa”.

Esta mirada racista, clasista y eurocéntrica tiene un fuerte anclaje en el sentido común y se reproduce en los mensajes violentos que circulan en redes sociales, medios de comunicación y se vuelcan en los comentarios de lectores.

Solo a modo de ejemplo. En la noticia del diario Río Negro: “A seis meses del homicidio de Nahuel, la Justicia no muestra ningún avance” se puede leer los siguientes comentarios: “Saben que hay secretos muy bien guardados de los mapuches terroristas”. “Todo esto ocurre porque los mapuches violaron la propiedad privada o pública con la toma”.

Estas miradas racistas quizás no sean mayoritarias, pero están presentes. Existen sectores que legitiman la violencia institucional, que asocian el pertenecer a un pueblo indígena con el terrorismo y que interpretan la recuperación territorial y defensa de derechos como delitos.

Una de las razones del fuerte consenso del racismo son sus raíces históricas. En ese sentido, “la República Argentina se constituyó como Estado-Nación sobre la base de la negación de las raíces históricas americanas, la sujeción de sus ocupantes originarios y la usurpación de sus territorios”, afirmaba el Instituto Nacional contra la Discriminación, Xenofobia y el Racismo.

Domingo Sarmiento llegó a manifestar “¿lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”. “Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”.

Lo complejo del momento actual es que esta matriz cultural racista se legitima y fortalece con el discurso criminalizador y estigmatizante del gobierno nacional hacia el pueblo mapuche. Basta recordar que Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad de la Nación, sostuvo en el Senado: “Los mapuches son un grupo de extrema violencia”.

En ese marco, ¿cuál debería ser nuestro rol como comunicadores y comunicadoras?

En el capítulo de “Pueblos indígenas” de la publicación “Buenas prácticas en la comunicación pública”, el INADI recomendaba “evitar el uso, en noticias, relatos o imágenes, de símbolos o elementos propios de los colectivos en escenas que los muestran como ‘extraños’, ‘problemáticos’ o ‘peligrosos’ “.

Asimismo, si queremos construir una sociedad menos injusta nuestro rol también debería ser visibilizar las violencias cotidianas que sufren estos pueblos y las riquezas culturales que los atraviesan. A modo de ejemplo: no fue noticia en los grandes medios que el 13 de junio un grupo de personas llevaron adelante un violento desalojo de familias mapuches en el Cerro Belvedere. El grupo de matones que portaban garrotes y armas de fuego destrozaron la totalidad de la ruka (casa) de la comunidad.

En el mismo sentido, tampoco fue noticia que el 24 de junio el pueblo Mapuche festejó el WiñoyXipantv, momento cuando el sol recupera sus fuerzas y los días comienzan a ser gradualmente más largos.

Por último, nuestra mirada sería distinta si desde los medios de comunicación que ocupan posiciones dominantes se visibilizara los derechos de los grupos históricamente vulnerados. Recordemos que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas establece que: “los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación y tienen el derecho colectivo de vivir en libertad, paz y seguridad como pueblos distintos”.

***  Licenciado en Comunicación Social UNLZ. Docente de “Comunicación Social y Seguridad Ciudadana” UNRN.