Por Carlos Aznárez   ***

Lo que está ocurriendo estos días en Puerto Rico es una clara muestra de que cuando un pueblo es desafiado hasta más allá de sus límites de paciencia, entra radicalmente en corto circuito y la explosión que genera puede adquirir consecuencias imprevisibles.

Manifestaciones de hasta un millón de personas desbordando no solo las calles de la capital San Juan sino cada una de las grandes y pequeñas localidades del país caribeño, están señalando el hartazgo de soportar años y años de dependencia forzada a los Estados Unidos pero también de repudio a los virreyes criollos que se arrodillan impunemente ante los respectivos poderes que devienen desde Washington.

Ricardo Roselló, a la postre el gobernador elegido por unos pocos convencidos y por otros que, como viene ocurriendo en otros países, creyeron optar por “lo menos malo”, se ha convertido en el disparador de una bronca por siglos contenida. Ocurre que el tal «Ricky” (como lo denominan las muy creativas pancartas populares) no solo está acusado de múltiples actos de corrupción en el corto período de gobierno que va desde que se juramentara a principios de 2017 hasta esta convulsa actualidad, sino que quien fuera ladero obediente en la campaña electoral de Hilary Clinton, se dedicó en sus ratos de ocio a burlarse soezmente en cientos de chats con sus secuaces (por no decir amigos íntimos) de cuanta persona considerara adversaria o crítica a sus manejos políticos. En esa volteada cayeron desde algunos funcionarios opositores hasta artistas conocidos como el mismísimo Ricky Martin. Ni qué decir que entre dicho y dicho, Roselló dio rienda suelta a comentarios homofóbicos, racistas y xenófobos de la peor especie, creyendo que “nadie se iba a enterar”. Así rellenó cientos de hojas de chats demostrando su alto nivel de imbecilidad y provocación. Pero en un mundo donde todo se graba, se filma y se filtra, las impertinentes palabras del gobernador llegaron de pronto a manos de quienes se ocuparon de divulgarlas por todo el mundo, y allí mismo estalló el volcán.

Hacía mucho que no se veían en Puerto Rico movilizaciones de tal envergadura. Miles de jóvenes de todas las clases sociales, unidos y unidas en la demanda inicial de “Fuera Ricky” se fue transformando con el correr de los días en algo más potente, como es el “que se vayan todos”. Y cuando se pronuncia esa frase se está apelando a denunciar no solo a quienes han traicionado el mandato para el que fueron elegidos sino también a cuanto politiquero oportunista intente hacerse con el sano clamor de la multitud. En consecuencia, es a la propia forma de gobierno, demócrata burguesa, a la que se interpela con dureza.

Así, al correr de los días, el omnipotente gobernador que juraba que no lo iban a mover de su cargo “esos minúsculos grupúsculos a los que no votó nadie” se fue convenciendo que la situación no era tan fácil de resolver y optó por anunciar que renunciaba a una posible reelección y a la vez se desprendía de su partido con el que ganó las elecciones. Ahora solo falta que renuncie a su cargo de gobernador como lo exige la calle, cada vez más encolerizada.

Por otra parte vale la pena analizar que este levantamiento popular tiene características muy singulares. Por un lado es absolutamente unitario, es decir que si bien las provocaciones de Roselló han logrado ese milagro de unir lo diverso, por otro lado demuestra que no en vano Puerto Rico tiene una historia peleona que va desde próceres como Eugenio María de Hostos, Pedro Albizu Campos, Lola Rodríguez de Tió y Ramón Emeterio Betances, hasta los atacantes del Capitolio yanqui (el 1 de enero de 1954) Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda y otros patriotas. Pero hubo más en el acumulado de lucha, como son los heroicos Macheteros comandados por Filiberto Ojeda Ríos, quien cayó en combate desigual contra el FBI en septiembre de 2005, o el ya fallecido Avelino González Claudio y el ya liberado después de más de 30 años de prisión,Oscar López Rivera.

Todas esas pequeñas y grandes batallas libradas por hombres y mujeres de lucha, están en el ADN de estas nuevas generaciones que hoy salen a tratar de ganar también la suya y que lo hacen con métodos y estilos muy particulares. Apelan a suplir la desigualdad que los separa del poder que enfrentan, forzando al máximo la creatividad de sus consignas y cánticos, orientándose a ganar cada vez más pasividad. Así pueden verse pancartas realmente originales que denuncian con ironía y no poco humor a los mandamases del mal gobierno. O como es el caso de ese auténtico personaje popular al que se conoce como el “Rey Charlie”, un motoquero que hasta que estallara la rebelión, se dedicaba a organizar competencias de motos y four tracks, y que ahora se ha transformado en carismático conductor de miles y miles de jóvenes motoqueros que cruzan las calles de las principales ciudades conduciendo sus máquinas y exigiendo que “Ricky se vaya” cuanto antes.

A este ejemplo hay que sumar a una oleada de artistas conocidos y cantantes populares como es el caso de Ricky Martin, René, de Calle 13 (ambos también injuriados en los chats del otro Ricky), Daddy Yankee y Bad Bunny, entre otros, que han sido los principales oradores de las grandes manifestaciones.

Esta pulsada aún está abierta y su final es incierto.
Si se impusiera la lógica, Roselló ya debería irse por la puerta de atrás, como los delincuentes, y quienes han puesto todo el esfuerzo para echarlo tendrían que forzar un gobierno de transición donde muchos de estos nuevos líderes de la calle participen para que nadie les arranque su victoria, como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Sin embargo, la dependencia de Puerto Rico impuesta por Estados Unidos es la gran amenaza latente desde que se produzco la invasión en 1898, aunque de ninguna manera hay que considerar al ocupante como una fuerza invencible. Cuando un pueblo despierta y sale a ganarse la libertad en las calles como está ocurriendo ahora mismo, hay esperanzas de victoria. Viva Puerto Rico Libre!