Por Beatriz Chisleanschi   ***

A 35 años de su muerte, Julio Cortázar nos invita a volver a él, una y otra vez. Y en ese volver, nos envuelve con su sabiduría tan presente: “Vives de esperanzas, pero no sabes qué esperas”.

“Siempre quejándote de todo y a la vez fingiendo no darle importancia a nada. Vives de esperanzas, pero ni sabes qué esperas”.


Julio Cortázar

Y es allí, precisamente allí, donde el macrismo construye su comunicación política: en la esperanza, esa instancia de espera a que la buenaventura llegue. Es la comunicación de la ilusión, la que busca (y lo logra) la resignación frente a la mentira, la negación a la propia realidad, la paralización ante un bolsillo vacío.

Esperanza, ilusión, sensaciones y sentimientos, una arquitectura de emociones dispuestas en forma ordenada y con un uso comunicacional estratégico para inocular desde el odio más extremo (como a Cristina Fernández de Kirchner y todo lo que y quienes la rodean) o la paciencia y pasividad llevada a su máxima expresión como la que se tiene con Macri y, más especialmente con María Eugenia Vidal.

Es la creación de una realidad sin rostro, sin tragedia, sin drama, una realidad despojada del ayer y del hoy. Es el tiempo del reemplazo de las ideas, los pensamientos y los argumentos por las emociones. Como zombies, caminan los cuerpos y mentes calladas ante el mundo inmóvil de la esperanza.

“Hoy estamos mejor posicionados hacia el futuro de lo que estábamos en 2015”. “Está empezando a bajar la inflación, lentamente va a empezar a mejorar la actividad y espero que eso nos lleve a un crecimiento cada vez más sólido”
– expresó, parado desde su realidad virtual, el presidente Mauricio Macri en entrevista concedida a FM Pasión 96.5, una radio de la localidad de Buena Esperanza, de la provincia de San Luis. Nuevamente la ilusión de un futuro promisorio, que se desvanece al día siguiente cuando el Indec dice que la inflación de enero fue del 2,9 por ciento, mayor a la de diciembre que alcanzó el 2,6.


Pero, como ya lo dijo Carlos Marx “Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profano”. Los tres poderes que manejan nuestro país: El FMI, los medios de (in) comunicación y el judicial, con Macri como mascarón de proa, saben que la plataforma “iprofanable” en la que se monta su presidencia, puede perder su calidad de tal.

En ese desnivel, en ese foso que se produce entre lo que nos dicen que es la realidad y lo que sabemos, por experiencia personal, que es nuestra propia realidad, debería aparecer la profanación de lo “sagrado” para un macrismo descarnado que el 10 de diciembre de 2015 también profanó aquello que era sagrado para el pueblo, vaciándolos de sentido: sus derechos.

La toma de conciencia de la realidad produce desazón, quizás por eso a pesar del aumento de tarifas y alimentos, de los despidos, cierres de empresas, quita de programas sociales y abandono de personas como con los 44 del ARA San Juan, volcarse a la esperanza del futuro promisorio genera mayor tranquilidad. La conformación de una sociedad distópica, paciente, vacía y paralizada se ha convertido en lo “sagrado” del macrismo.

Pero como bien dice el dicho, el “que espera, desespera” y allí la profanación: convertir la desesperanza en acción, construir para volver a investir a la sociedad de la humanidad arrebatada.

Menuda tarea para dirigentes y militantes, recuperar parte de ese tres cuarto del electorado fluctuante que vota por rechazo, más que por adhesión, que escapa a lo racional y argumentativo y se mueve por lo emocional, que define su voto minutos antes de colocarlo en la urna. Que no le gusta que le hablen ni de la Patria, ni del Otro, ni del amor a un proyecto, pero que añora la vida que llevaba antes de diciembre del 2015.

Como dice Albert Camus “¿De quién y de qué puedo decir, en efecto: ´Lo conozco!´? Puedo notar mi corazón y juzgar que existe. Puedo tocar este mundo y juzgar también que existe. Ahí termina toma mi ciencia y lo demás es construcción.”

De eso se trata, nada más y nada menos.