Por Rómulo Pardo Silva   ***

Los discursos en las luchas para resistir los daños medioambientales difieren entre sí en amplitud. Y es importante.

Se dan protestas de movimientos sociales por graves perjuicios locales. Falta agua porque se la roban, han agotado la pesca de la caleta, las chimeneas de las industrias enferman, en las inmediaciones hay vertederos… La exigencia justa para solucionar el suyo.

Están actuando grupos que explican y denuncian diferentes acciones humanas destructivas en todo el planeta: desaparición de especies, reducción de glaciares, pantanos de petróleo en selvas, contaminación del aire, del agua, quema de selvas, alteración global del clima… Ven el mundo como ciencia a través de los perjuicios locales.

Un tercer enfoque relaciona la destrucción de la naturaleza con la economía, el consumo, lo financiero, lo militar, lo político. Hace el análisis crítico del sistema.

Más allá se posiciona el ecosocialismo que argumenta la necesidad de un cambio de civilización, la edificación de un mundo democrático donde las decisiones sobre los medioambientes las resuelvan sus habitantes como partes de ellos.

Sirve tener varias formas de pensamiento y acción para la solución de las amenazas pero sin incorporar lo civilizatorio se acepta indirectamente seguir en la marcha al colapso.


El Orden planetario de los empresarios es insostenible.

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