Por Miguel Angel Ferrer   ***

El panorama para los críticos del presidente no puede ser más desolador. Encuesta tras encuesta y elección tras elección es abrumador el respaldo de la ciudadanía a la persona y a las políticas de López Obrador.

Un muy reciente sondeo revela una aprobación de 72 por ciento al mandatario. Y en las pasadas elecciones Morena se llevó la mayoría en la Cámara de Diputados. Y también logró amplísima mayoría de las gubernaturas en disputa.

Para explicar esta situación los críticos de López Obrador recurren al mismo argumento que emplearon para explicar la victoria de AMLO en los comicios presidenciales de 2018. Según ellos votaron por Andrés Manuel 30 millones de indios, de nacos, de tontos, de ignorantes, de simios, de fanáticos.

Si los críticos de López Obrador no pueden cambiar de argumento, menos pueden idear una estrategia política que pueda sacar al obradorismo de Palacio Nacional.

Una estrategia que concite votos para suplir al puro discurso de odio. Porque para echar al obradorismo del poder hacen falta votos y sobran y estorban los insultos.

Son tales la impotencia y la carencia de argumentos de esos críticos, que sólo aciertan a sostener que preferirían ver en Palacio Nacional a Salinas, a Zedillo, a Fox a Calderón o a Peña Nieto en vez de a López Obrador, sin comprender que esas expresiones son contraproducentes para su cruzada antiobradorista. Que para el pueblo eso es como decir “Cruz, Cruz: que regrese el diablo y que se vaya Jesús”.

El problema para los antiobradoristas no es ciertamente la carencia de votantes. En realidad cuentan con millones de ellos. Su problema es la insuficiencia de sufragantes.

Entre los tres partidos de la derecha pueden juntar 20 millones de votos. Y eso suponiendo que, cosa poco probable, vayan juntos a la elección presidencial. Pero aún así es claro que el obradorismo fácilmente duplica esa cifra con 40 millones.

Y más allá de los números absolutos, lo central es la proporción entre ambas fuerzas en pugna. Y según todos los datos e indicios disponibles, esta proporción es de dos a uno. Es lo mismo 60 contra 30 que 40 contra 20. O 20 contra 10.

Además de la insuficiencia de votantes, la derecha enfrenta otro grave problema que es el peligro de ver mermada su potencial cosecha de votos. Porque, así como va, es más fácil que pierda adherentes a que gane más.

La desmoralización, la rabia, la frustración, el odio y la desesperación contribuyen más a perder votos que a ganarlos.