Por José Pablo Feinmann   ***

A veces lo miro a Carlos Pagni. Es igual a todos los demás que hacen “periodismo de guerra”. Pero es más pulcro. Semeja un señor educado que analiza con elegancia y precisión el escenario político de este complicado país. Diría que es el Mariano Grondona de estos tiempos. No cita tanto a los griegos, pero siempre tiene a mano una referencia histórica o alguna frase de algún ilustre pensador para reforzar lo que dice y pasmar a sus seguidores. En verdad, dice lo mismo que todos.


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Joaquín Salguero

 

Lo último que inventó es algo a lo que dio el título de “La monarquía de Cristina”. Prolijamente dijo que Cristina maneja el Senado. Que ahí es la dueña de las voluntades y obra a capricho. Tendría, así, el poder legislativo. En el ejecutivo está Alberto Fernández, pero para esta gente el cauteloso Alberto F. está manipulado por completo por Cristina K. Quien, de este modo, posee también el poder ejecutivo. Ella manda, Alberto le hace caso. Tenemos ya el poder legislativo y el ejecutivo. Falta el judicial. Sobre el que Cristina se arroja con su ambición incontenible a través de la reforma de la justicia y la remoción de jueces que la incomodan. Queda así establecida la monarquía de Cristina.
Ella domina el país. Lo cual es altamente peligroso. Pues ya se sabe que es una irredenta populista, que quiere aniquilar a los grandes medios de comunicación (que son los dueños de ese mercado oligopólico) y busca democratizar ese mercado a través de un odioso intervencionismo de Estado que, se sabe, atenta contra las libres leyes de la economía. También busca “expropiar” (palabra de demoníacos efluvios comunistas) a las grandes empresas de capital privado. Buscar la impunidad jurídica para ella y su tropa de “corruptos”. Agredir al campo y a las grandes fortunas. También (según la doctora Carrió) está preparando saqueos de masas y hacerle un golpe a Alberto F. Porque quiere estar ella en la presidencia. “Porque”, explicó la citada doctora, “no puede parar”. Algunas de estas cosas no llegó a decirlas Pagni. Pero con afirmar que vivimos bajo la monarquía de Cristina las está diciendo.

Esto horada la subjetividad de los receptores que terminan por creerse todo. En gran medida porque quieren creer eso. Y agradecen que les fundamenten los motivos de su odio. El receptor antiperonista no es una marioneta manipulable (eso es Alberto F. para el “periodismo de guerra”), pero es un sujeto que está largamente convencido de lo que escucha por los medios. Sobre todo en las grandes ciudades. La bella y parisina Buenos Aires y la docta Córdoba. Aquí abundan los odiadores de Cristina F. y Alberto F.

El devenido Sebreli (una voz tardía y algo patética en el coro de los destituyentes) llegó a decir “La democracia está en peligro”. Alguien (un poco más cuerdo o lúcido) le preguntó por qué y el Juanjo Sebreli (por toda prueba) exclamó: “¡Si gobierna Cristina Kirchner!” No es así. Cuesta entender cómo puede decirse eso de un político como Alberto F. Parece cualquier cosa antes que una marioneta. Es seguro, piensa bien, tiene un logos sereno y preciso. Además, cuando se enoja, se enoja. Sin duda Cristina debe tener mucha gravitación en este gobierno, pero el presidente es Alberto.

Sucede que decir “gobierna Cristina” o “esta es la monarquía de Cristina” fortalece los elementos que se amontonan para destituir al gobierno. Algo que –no lo dudo- se está preparando. Los empresarios salen a decir que el impuesto a los nueve mil y pico de ultramillonarios espantará a los inversionistas externos. Larreta que desliza o abiertamente dice que han iniciado con Buenos Aires pero seguirán con otras provincias porque quieren destruir al federalismo. El campo que se aferra a la palabra “expropiación” para afirmar que empiezan con Vicentín y van a seguir con un ataque total a la propiedad privada. Que agregan que las retenciones son también expropiadoras y tienen listos sus tractores y sus 4×4 para salir a las rutas. Los periodistas que, con entusiasmo y hasta con fervor, enumeran las propiedades de Lázaro Báez “ese socio de los Kirchner” para insistir con la “corrupción K”. Los economistas que detallan los porcentajes de la pobreza, el hambre y la desocupación y vaticinan que todo se va al demonio. Los anticuarentena. Los runners. Y todos esos belicosos personajes que se dan cita en el Obelisco. Que son capaces de decir: “La próxima va a ser con sangre”. O peor: “Vas a volver a tener miedo”. ¿Qué otra cosa sino una amenaza procesista es eso? ¿Miedo? ¿Por qué? ¿Piensan empezar a matar gente? ¿Quieren llevar a cabo la terrible ametralladora que puso el diputado Fernando Iglesias en un tweet? (Proponía dejar der lado las cacerolas y tomar las armas.) ¿Quieren que la policía no sólo rodee la Quinta de Olivos, sino que entre a matar al presidente y su gabinete?

Recordemos que la estrafalaria Carrió dijo “De Olivos nos sacan muertos” ¿Así lo quieren sacar a Alberto Fernández? Entre tanto, la militancia peronista está guardada. Regala la calle a los que buscan enfermarse o morir por el Covid-19 antes que dejar de armar batifondos destituyentes. Es el momento en que el gobierno tiene que ejercer su autoridad. Dejar de temer a las reacciones altisonantes de la derecha de los macristas y los libertarios o los neonazis del Obelisco y gobernar con áspera convicción. Que así sea o –según suele decirse- se pudre todo.