Por Sofía Quaglia, Mariano Chialva y Milena Ceccato ***

Vivimos entre ríos. Diferentes brazos de agua dulce se separan, se bifurcan, se vuelven a juntar… Esas masas de agua delimitan también islas, islotes, bancos de arena: espacios donde se da nuestra existencia, donde los seres humanos creamos nuestra sociabilidad, espacios donde reproducimos con trabajo nuestras condiciones de vida.

Es este trabajo social el que modifica la naturaleza. Durante la historia, las diferentes formas de organización social han adaptado los recursos naturales y, en muchas ocasiones, domesticado para su explotación. En algunos casos, explotación para la mejor habitabilidad de las sociedades en su entorno; y desde que el capitalismo es el sistema de relaciones hegemónico, explotación económica para el enriquecimiento de diferentes grupos sociales.

Nuestros pueblos litoraleños han mamado el río y el agua como parte de la vida cotidiana. Lo consideramos un recurso económico, una vía navegable de circulación, un espacio habitable, un lugar recreativo. En este sentido la Hidrovía Paraná-Paraguay se constituye como un punto clave para pensar la construcción de soberanía.

Una historia entre ríos
El 20 de noviembre de 1845, en el combate de la Vuelta de Obligado, se dio una batalla por el control de las vías navegables de nuestra nación en formación y el continente. El resultado fue la determinación de la libre navegación, lo que implicó que desde entonces los capitales extranjeros pudieran circular, transportar y distribuir producciones sin intervención del estado nacional. 

Durante la década del 90’, la Hidrovía Paraná-Paraguay pasó por varias instancias hasta ser concesionado su mantenimiento a una empresa de origen belga y holandés. Desde entonces la Argentina viene subsidiando a dicho grupo económico, consecuencia del acuerdo firmado por el entonces presidente Carlos Menem. Esta política significó la privatización del trabajo de dragado y balizamiento, una tarea estatal hasta esta década, y como consecuencia el desplazamiento de los trabajadores, que desde entonces no pueden mejorar las condiciones de navegabilidad del río. 

La Hidrovía es un proyecto de integración que vincula a los países de la Cuenca del Plata. Uno de los objetivos de esta gran obra es la libre navegación de los ríos permitiendo de esta forma el ingreso de buques extranjeros sin pagar impuestos. Vale aclarar que hablamos de un territorio de una superficie total de alrededor de 1,75 millones de km², con una población aproximadamente de 17 millones de personas.

Hecha esta caracterización, podemos decir que la Hidrovía Paraná-Paraguay no está exenta de la lógica de la mano del hombre. Como toda realidad en la que vivimos y actuamos, nos requiere una reflexión profunda y una  batería de preguntas apuntadas a pensar qué deseamos hacer y producir en este territorio.

Nuestras venas abiertas
Esta vía fluvial recoge el agua de los ríos Paraguay, Paraná y algunos de sus afluentes. Es un sistema hidráulico que conecta Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, un canal navegable que posibilita que barcazas de gran calado (por ende, grandes volúmenes de carga) puedan transitar y distribuir bienes y servicios los 365 días del año.

Las principales mercaderías que se transportan son minerales, combustibles y productos agrícolas. La soja en sus diferentes formas (grano, en aceite, biodiesel, harina) es uno de los productos más importantes junto a otras oleaginosas. Esto nos dice algo acerca del modelo productivo global y, especialmente, del rol que juega la región latinoamericana en la producción de materias primas. El perfil exportador de la región se debe a que el 75% del comercio mundial de aceite y de harina de soja es de origen sudamericano.

La Hidrovía Paraná-Paraguay en el tramo Corumbá (Brasil)-Océano Atlántico opera cargas por 102 Mt. Esta cifra equivale al 23% del movimiento total anual de cargas de Argentina estimado en 450 Mt. Esto significa que por allí circulan una cifra que equivale a la cuarta parte del total del transporte anual de cargas de Argentina, sumando el traslado por camión, ferroviario, aéreo y las cargas de la Hidrovía del Gran Rosario.

Si nos adentramos en la margen del Río Paraná encontramos el complejo agroindustrial del Gran Rosario, una zona de 70 km de extensión que concentra puertos, fábricas, playas de camiones, molino harinero, ferrocarril y una extensa red vial. Es el mayor complejo de estas características a nivel global, concentrando y centralizando toda la cadena productiva en una misma zona geográfica. Este proceso (que podemos visualizar en la zona del Gran Rosario) es reflejo de un comportamiento a gran escala, que tiene lugar en torno a las cadenas productivas a nivel global. En este sentido, otro dato de importancia es que, en 2019, tres exportadoras (Cargill, COFCO y ADM) concentraron el 50% del total de toneladas exportadas, a la vez que diez firmas concentraron el 90% del volumen exportado.

Operan habitualmente desde el Gran Rosario hasta el Océano casi 4.500 buques en el año. Actualmente 7,5 de cada 10 buques graneleros llevan harina y aceite de soja sudamericanos y de estos, 5 son productos de origen argentino. Pero prácticamente el 100 % de los buques graneleros son extranjeros. Esta dinámica ruta implica también la movilización de más de 600 mil automóviles y un importante empuje a la industria turística. 

En cuanto a la industria gasífera, por el Río Paraná hasta Escobar ingresan el 60% de los buques metaneros que llegan a Argentina con Gas Natural Licuado en adquisiciones (importaciones) que realiza ENARSA (1): 41 buques sobre 68.

En cuanto a la producción acuícola y pesquera en aguas continentales (2), la Cuenca del Plata reviste la mayor importancia en la pesca artesanal. Abarca zonas de 12 provincias y más de 4000 km de cauces, incluyendo sólo los grandes ríos. Más del 90% de la producción pesquera continental del país proviene de las pesquerías de esta cuenca. Los volúmenes totales de extracción anual en la región de la Cuenca del Plata se estiman en 40.000 toneladas.

Guerra por todos los medios
Lo que hoy se nos presenta como guerra a escala planetaria da cuenta del grado de desarrollo del sistema de producción social. La disputa de las diferentes fracciones del capital también se manifiesta en esta dimensión geográfica-social que se emplaza en la hidrovía.

La guerra, tal cual hoy la conocemos, por el control y dominio de este territorio social se da por diferentes y diversificados mecanismos. Además de los emplazamientos militares, con grandes despliegue de infraestructura, soldados, como es el caso de la base militar estadounidense en territorio paraguayo, bajo el estatus de Centro de Operaciones de Emergencias (COE), se ejercitan una serie de movimientos y operaciones que agrietan el tejido social, crean condiciones de desestabilización, decadencia, y precarización de las poblaciones.

En este sentido, también se nos presenta como guerra difusa, reptante, que se va deslizando por la superficie y va corroyendo todo. Prueba de esta dinámica es la falta de libertad de expresión, el control privado de los recursos naturales de los pueblos que se emplazan a la vera de la hidrovía, la geo-vigilancia, el desarrollo de grandes infraestructuras que atentan contra la biodiversidad del ecosistema, el narcotráfico, la desestabilización financiera, etc.

El sistema de relación social imperante juega a la confusión, a la distracción, avasalla y suelta una fuerza durísima contra el pueblo que, en el mejor de los casos, se predispone a resistir. En este sentido, nos preguntamos por las tareas de quienes vivimos en relación a la hidrovía, por la dimensión social de la riqueza de todo aquello que se produce, circula y se realiza en este entramado social. Entonces, ¿qué nos hace falta para, al menos, ponerle límites a estos mecanismos que se ejercitan para la reproducción de determinadas condiciones que nos imposibilitan pensar y habitar otra forma de organización social?

Algunas ideas a modo de cierre
La importancia de la Hidrovía Paraná – Paraguay queda expresada en los párrafos anteriores. Sabemos que este texto no es excluyente, que plantea un punto de vista con sentido orientador sobre un conjunto de conflictos y discusiones que nos habitan. Hablamos del río y sus recursos por nuestra cercanía. Pero también decimos que hay un río más profundo, ese que construimos a la par del trabajo con otrxs en la realización de las tareas que emprendemos como pueblo al que urge consolidar las bases de otro rumbo. Así como el cauce del río se fortalece con sus afluentes, así debemos trabajar en virtud de la fuerza social.

Autoorganización, soberanía, autodeterminación. Hacer confluir los puntos en ese río que nos implica el problema general, que no es gerenciar ni administrar el poder. El poder no es un timón: es la capacidad que tenemos de construir nuestro propio barco y salir a navegar, donde una vez construido el timón sólo cumpla una función más como cualquier otra.

*** Marzo / Abril de 2020.

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(1) Energía Argentina S.A.; actualmente IEASA (Integración Energética Argentina S.A).
(2) Cuerpos de agua dulce permanentes que se encuentran sobre o debajo de la superficie de la Tierra alejados de las zonas costeras (excepto por las desembocaduras de los ríos y otras corrientes de agua).


Lecturas en discusión
https://lmdiario.com.ar/contenido/199452/el-ingreso-al-corazon-productivo-sudamericano
https://www.bcr.com.ar/es/mercados/investigacion-y-desarrollo/informativo-semanal/noticias-informativo-semanal/notable-las
http://www.ieasa.com.ar/
https://latribunadelsur.com/contenido/8687/vicentin-ejemplo-del-modelo-neoliberal