El presente documento, de elaboración propia, formó parte del material de trabajo utilizado durante el Encuentro Anual de la Red de Comunicadores del Mercosur 2018. Y que pretendío funcionar a modo de disparador para el debate entre las compañeras y compañeros que participaron del mismo. 

  • La discusión está planteada entre compañeras y compañeros, en las organizaciones sociales, cooperativas, sindicales, de base y políticas. Seguimos cuestionando el modo en que los sectores dominantes protagonizan la escena de la comunicación en general y de los medios en particular. Pareciera ser que no podemos corrernos de los límites establecidos y así aceptamos pasivamente la interpretación subjetiva de la realidad y la construcción de sentido que se elabora desde una usina de producción con el apoyo de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información.

 

  • En tiempos de globalización, el sistema capitalista ha profundizado un modelo de acumulación cada vez más concentrado que deja como resultado grandes masas de excluidos que se incrementan a diario. Las relaciones de producción por lo tanto no han cambiado, lo que si se modifica es la composición de fuerzas del establishment. Una situación que es contrastable viendo como aparecen en uno y otro lado, las nuevas alianzas y la confusa variedad de contradicciones secundarias en el seno del pueblo. En esa relación de estructura y coyuntura, que desde hace años venimos abordando (de qué tiene que ver el FMI con la cloaca que pasa o no pasa frente a mi casa, como un ejemplo), es también importante reconocer que las grandes multinacionales, los grupos financieros, y las inmensas corporaciones de la información forman un todo donde la disputa irrumpe, centralmente, en quien hegemoniza la conducción de ese proceso. Aflora la comunicación como negocio en un entramado tan complejo como indescifrable por momentos, que instala discursos, corrientes de opinión que muchas veces aceptamos mansamente y nos embarcamos en un terreno donde sentimos que nos faltan elementos para el análisis. Ese modelo responde a las necesidades de quienes detentan los medios de producción. Atrás quedó esa teoría que las entendía como meros canales por donde circulaba información. Se construyen con el fin de colonizar el pensamiento y nos asignan un rol, que es el de usuarios sin capacidad para cuestionar el fondo de las cosas.

 

  • Esa hegemonía le permite a los sectores concentrados instalar discusiones que, falsas o no, arrastran a grandes núcleos poblaciones y hacen que nos enfrasquemos y prioricemos debates adonde ellos son más fuertes, tienen un enorme desarrollo y cuentan con recursos ilimitados. “El comportamiento del sistema de medios como aparato ideológico discurre en esos tres momentos: DISCURSOS – AGENDA – MATRICES. Los operadores principales de instalar lo segundo y reforzar y reproducir lo tercero, son los Discursos, sean interpersonales, mediados, virtualizados, publicitarios, pedagógicos, políticos. Uno de los desafíos que se nos presenta, es como abordar la disputa ideológica/cultural, frente a lo más afinado y afianzado de la tecnología de las comunicaciones. “…La batalla en el campo de las nuevas tecnologías no es fácil. Si vamos a aplicar estas tecnologías no lo hagamos como simples usuarios; Por lo tanto debemos hablar de soberanía tecnológica y lo que ello implica.”. Teniendo en cuenta estos elementos, es prioritario analizar y definir cuál es nuestra concepción para afrontar e intentar resolver favorablemente la situación. La relación entre la comunicación y la organización y la educación expresada con mucha fuerza al sur del Río Grande, desde los años 60 hasta el presente, sigue siendo el epicentro desde donde construir. Si nosotros nos quedamos en ver como usamos mejor el celular, o sí, mucho peor, nos paralizamos indefinidamente haciendo catarsis en las redes sociales, la batalla está perdida de entrada. Existe una línea de pensamiento que lleva a debatir en torno a la comunicación sintetizada en el teléfono con sus decenas de aplicaciones, desarrollos tecnológicos, innovaciones permanentes y que a partir de allí considera que manejando un whatsapp, Facebook o una página en internet, podemos empezar a dar la batalla cultural a la que tanto se menciona. Esto está más instalado de lo que creemos.

  • Si el campo nacional y popular latinoamericano generó experiencias de lucha y resistencia que terminaron en gobiernos, lo fue porque en un momento logró construir organizaciones y relaciones de fuerzas que cambiaron temporalmente la ecuación dominante a nivel del control del aparato del Estado, aunque la matriz productiva quedó, prácticamente, intacta. Sin embargo no fueron duraderos, porque el neoliberalismo logró revertir esa situación en casi toda América Latina. El individualismo, la antipolítica y el desprecio por lo público, conforman un sistema de valores y una creencia que a la postre terminó por resquebrajar ese tejido social que se había fortalecido a partir de políticas públicas que ampliaron la base de derechos para las grandes mayorías populares. Es decir, el imperialismo, en esta etapa donde el capital financiero es un componente estructural (“ya no se trata sólo de producción y consumo, sino de finanzas/generación de deuda)”, nos pone donde él quiere, pues la tecnología no es neutra. Ellos también tienen sus organizaciones (empresas), sus niveles de coordinación mundial, sus maneras de establecer reglas comunes (tratados transnacionales) y herramientas para ampliar y sostener su ideología, sus creencias culturales, su escala de valores.

 

  • La disputa no puede darse en creer que sólo se trata de generar una serie de ideas para disputar con las otras e incorporarlas a los medios, sino como construimos conocimiento. Y esta elaboración debe hacerse desde el reconocer y valorizar la historia de lucha del movimiento obrero. Esta acumulación hoy nos permite afirmar que la unidad tan pretendida no se baja en una aplicación del Play Store, ni tampoco puede lograrse por la iniciativa individual de un iluminado. Siempre es producto del trabajo colectivo de las organizaciones, “piedra y camino” diría Atahualpa Yupanqui. Esa construcción a la que hacemos referencia no siempre partió de la academia, en muchos casos el proceso fue inverso. Se construyeron metodologías en el pueblo que con posterioridad las terminó incorporando la academia. Se trata entonces de poner en valor el conocimiento existente en nuestro pueblo, legitimarlo en el trabajo de producción reflexivo colectivo, e institucionalizarlo después nuevamente.

 

  • Desde la comunicación tenemos que ser capaces de recuperar esas experiencias surgidas a lo largo de 15 años. Con honestidad intelectual y militante es imprescindible preguntarse qué tipo de organizaciones hemos podido construir, qué capacidad de articulación tenemos con otras estructuras, para poder discernir entre lo que forjamos de bases sólidas en lo profundo del pueblo y de lo que no fue tal. Para ello es necesario focalizar cuál es el elemento colectivo que le da sentido, orden y proyección a estas definiciones. Hemos vivido, y a veces atravesamos, momentos de confusión porque sustituimos o soslayamos esto, poniendo y priorizando a otras referencias y otros ejes en el debate y la acción. Hoy el hombre y la mujer que trabajan siguen siendo el sujeto social y político de la transformación. Lo hagan en el campo o en la ciudad, y siempre con otros y otras. En consecuencia, las organizaciones que expresan a los obreros/as devienen en referencias insoslayables si queremos entrar a debatir cuál es el rol de la comunicación en la coyuntura. Es decir: ¿para qué tiene que servir la comunicación en la etapa, que procesos sostener y priorizar y cuáles no, aunque hayan sido muy importantes en otras instancias o momentos? Por lo tanto la formación de cuadros en comunicación no debe ser un espasmo aislado o de un espacio técnico-profesional particular. Es central para avanzar en la construcción de identidades políticas.

  • A partir de allí hay que valorizar y abordar las mismas (en todas sus dimensiones) que en cada lugar expresa –no de manera sectaria o excluyente- ese sujeto colectivo. En efecto, es esencial trabajar desde la comunicación el concepto de Pueblo y de Frente (popular, patriótico, nacional, latinoamericano etc.) y la relación dialéctica entre estas dos referencias. La concepción estratégica que la guíe se nos impone ahora como fundamental. Allí no sólo encontraremos la riqueza cultural en la diversidad sino las fortalezas y debilidades que nos permitan articular experiencias y las batallas cotidianas, haciendo que lo táctico abone lo estratégico.

 

  • A nuestras organizaciones nos inspiran otros modelos de comunicación que disparan otros sentidos, que privilegian otros actores sociales, pues para nosotros la comunicación es un Derecho Humano irrenunciable. Por éstas razones construimos con otras lógicas y desde ahí damos la batalla cultural. La realidad encuentra hoy al campo nacional y popular resistiendo. Saber con claridad cuál es el rol de la comunicación en esta etapa del proceso es decisivo para avanzar en la construcción de una hegemonía que nos permita recuperar lo perdido y elaborar una estrategia de conjunto. Si no ponemos atención a esto corremos el serio riesgo de debatir y quedar atrapados en una disputa desigual con los medios del sistema y sus tecnologías.

 

  • “Estos conceptos son a modo de disparadores para una reflexión mucho mayor aún, en dónde nuestras propias categorías de análisis deben ser interpeladas, nuestras cosmovisiones y nuestra manera de entender el mundo debemos revisarlas, no como una negación a nuestro aprendizaje histórico, sino como una necesidad de encontrar nuevos caminos y respuestas frente a los sectores de poder que hegemonizan hoy en el mundo”. (Las series de TV norteamericanas en la construcción de la Hegemonía Cultural. Red de Comunicadores del Mercosur 2017)

Patria Grande, Noviembre de 2018.

El presente docuento, elaborado en forma colaborativa, puede descargarse aquí