Una reflexión del dirigente de la Federación Gráfica Bonaerense y la Corriente Federal de Trabajadores (Argentina), estableciendo un paralelismo de la actualidad política y el accionar de la autodenominada “Revolución Libertadora” // Por Héctor Amichetti

El 19 de abril de 1956 el gobierno dictatorial que había derrocado al presidente Juan Perón decide el ingreso de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional.

Comienza un nuevo período de endeudamiento externo del país, absolutamente opuesto al Peronismo.

En esos días se resuelve desnacionalizar los depósitos bancarios y eliminar el control estatal sobre el comercio exterior.

El 27 de abril de 1956, el gobierno provisional emite una proclama derogando la Constitución Nacional sancionada en 1949.

¡Al diablo! con los derechos sociales consagrados constitucionalmente, con el capital al servicio de la economía, y con la economía al servicio del bienestar general.

¡Minga! con la función social de la propiedad y los recursos naturales protegidos.

El 17 de mayo de 1956, el Juez Luis Botet, calificado como “eminente penalista” por la prensa del sistema, procediendo a la manera de lo que sería un Bonadío de la “Libertadora”, resuelve:

“Sumario contra Juan Domingo Perón y otros por traición y asociación ilícita”.

“Considerando que a fojas 1366 y 1331 se ha dictado prisión preventiva a Héctor Lagraña, Lorenzo Soler, Silverio Pontieri, John Willim Cooke (y otros 10 legisladores peronistas) por el delito de traición, consistente en la concesión de facultades extraordinarias al Poder Ejecutivo (art. 20 de la Constitución -hoy 29 y 227 del Código Penal).

Que “existe también semiplena prueba de que funcionaba un comando estratégico integrado por el ex presidente Perón, su ex ministro Borlenghi, el secretario general de la CGT y las cabezas de las ramas femenina y masculina del partido peronista, cuyo comando decidía sobre las leyes necesarias para el mantenimiento del régimen depuesto y daban las órdenes de aprobación a los legisladores por intermedio de los jefes de bloque o las comisiones correspondiente…”

Y que “estas circunstancias configuran prima facie la concertación de asociación ilícita…”

Dispone:

“Decretar la Prisión Preventiva para Elías Teodoro Amado, Delia Delfina de Parodi, Ana Carmen Macri, Oscar Albrieu, Oscar Bidegain, María Rosa Calviño de Gómez, Susana Correche, Héctor Cámpora, Eloy Camus, John William Cooke (y otros 69 legisladores peronistas)… por los delitos de traición y asociación ilícita…”.

“Decretar la Prisión Preventiva a José Gregorio Espejo (ex secretario general de la CGT) y Eduardo Vuletich por el delito de asociación ilícita…”.

“Decretar el procesamiento y orden de detención contra Juan Domingo Perón y Angel Gabriel Borlenghi, por delito de traición y asociación ilícita el primero y por asociación ilícita el segundo…”.

Unos días después, el gobierno provisional ordenaba el fusilamiento el General Juan José Valle y otros patriotas, civiles y militares, por alzarse en defensa de la Democracia y el Estado de Derecho.

A fines de abril de 1958, cuando el régimen fusilador entregó el gobierno al presidente Arturo Frondizi, Argentina ya tenía una deuda externa que superaba los 1000 millones de dólares.

Con el tiempo, lo que la oligarquía consideraba un acierto para el éxito de su proyecto se convirtió en error.

No es que nosotros hayamos sido tan buenos -diría Perón- sino que los demás fueron peores.

Pese a todo y con todo en contra, el Peronismo volvió una y otra vez, y seguramente seguirá volviendo, no sólo por todo lo bueno que ha construido en nuestra Patria, sino también por aquello que señalaba Cicerón y que muy bien podríamos aplicar al enemigo oligarca por lo que está haciendo en estos días:

“Humano es errar.. pero sólo los estúpidos perseveran en el error”.