Por Roberto Marafioti   ** *

El macrismo agoniza. Algunos celebrarán, otros pensarán sólo en un retiro circunstancial. Ambos podrían coincidir en que se abrirá una etapa propicia para analizar el cierre de un ciclo. Aquí sólo trataré algunos rasgos para ordenar un eventual debate. Interesa señalar aspectos que apuntan a la matriz discursiva instalada a partir de diciembre del  ’15 pero perfilada en años previos.

Se trata de la instauración de un régimen simbólico de violencia verbal correspondido con otro de violencia real y el advenimiento de un imaginario represivo ejemplar y precautorio.

El neoliberalismo no produce filosofía consistente. Brinda una teoría raquítica en sus fundamentos, sólo coloniza el sentido común. Pero actúa. Y es devastador.

Este sistema se sostiene en una retórica intransigente de cuatro soportes: 1. El cuestionamiento del estado de bienestar; 2. La descalificación de los derechos humanos, de los derechos sociales y civiles; 3. La duda acerca de la democracia como sistema y la consagración de una democracia restringida; y 4. La antipolítica, paso previo a la exaltación de la lógica empresarial y sus agentes como protagonistas del manejo del Estado.

Se cuestiona el estado de bienestar cuando un ministro afirma que se engañó a quienes se les hizo creer podían tener un celular, un plasma, tomar vacaciones o tener aire acondicionado. Falacia tan elemental como grosera: el capitalismo articula deseo y consumo.

La descalificación de los derechos humanos permite a una ministra inaugurar su gestión anunciando un protocolo de manejo de las movilizaciones y, al poco tiempo, acabar con la vida de jóvenes argentinos. La doctrina Chocobar, auspiciada desde la Presidencia, es un elemento destinado a instaurar ejemplaridad y temor. El caso de Milagro inicia un atajo donde un activista o un político pueden ser recluidos. El lawfare será pues un dispositivo tan extravagante como peligroso a lo largo y ancho del continente.

Otro aspecto es el negacionismo. Relativizan los derechos humanos y habilitan una razón instrumental centrada en cifras. La descalificación de los organismos de derechos humanos lubrica un discurso desafiante de los más amplios consensos alcanzados.

Se duda de la democracia cuando se abusa al extremo de los decretos de necesidad y urgencia, se soslaya al legislativo y se evita la fundamentación y el debate de las medidas adoptadas en función de una razón extrema que iluminaría los actos del ejecutivo. Se duda de la democracia cuando se fortalece la antipolítica como proyecto de vida de las mayorías incapaces y sin necesidad de expresión. La sociedad del espectáculo hace que cualquiera pueda fundamentar su opinión frente a las pantallas.

El fin último de esta secuencia es el cuestionamiento de los resultados electorales cuando no son favorables.
La compra de votos denuncia el paroxismo de un régimen partisano fundado en la ostentación del poder económico.

¿Cómo se articulan estos componentes en el discurso del macrismo?
Dos aspectos son los que creo que hay que iluminar. Uno tiene que ver con un discurso único que afirma que el neoliberalismo es la doctrina que nos conduce a un mundo en donde los actores se manejarán por el equilibrio de la mano invisible del mercado (fiel sustituto de la divina providencia). Allí está el individuo como albañil de su subjetividad. Responsable de todos los actos. No hay poder que tenga que dar cuentas de sus obras. Éxito o fracaso, son propiedad de algún error o infortunio individual y se resolverá en cada conciencia y circunstancia.

Otro aspecto es la agresividad de esta matriz. El arsenal argumentativo se compone de la descalificación del pensamiento crítico que supone la duda o el cuestionamiento de sus principios. Se apela a un abanico que recorre la descalificación, la injuria, la humillación, la ofensa y el insulto. El pensamiento único no admite el intercambio de ideas, no tolera la interrogación ni la problematicidad. La polémica es llevada a su faz apologética pero no para consolidar una fundamentación sino para descalificar y paralizar al adversario.

Este pensamiento único impregna diferentes capas sociales provocando la aparición de las afectividades más oscuras que anidan en un sistema herido en sus componentes más primarios de solidaridad y de reconocimiento hacia los pares. Y se las promueve también para producir el enfrentamiento entre sectores semejantes. El racismo, la discriminación, la exclusión y el odio quiebran el diálogo.

El colapso de la razón es el resultado que se evidencia en diferentes ámbitos. No sólo la economía quiebra: son los mecanismos básicos de acuerdos los que vuelan por los aires. La recomposición de las instituciones, del sistema judicial y parlamentario requerirá de una labor cuidadosa. Los términos del debate futuro, los dispositivos argumentativos y los acuerdos a los que se pueda llegar requerirán de orfebres de la imaginación, la acción y el discurso.

*** Roberto Marafioti – Semiólogo.

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