Por Pablo Dipierri ***

De paso por Argentina para la presentación de su último libro, Jorge Alemán conversó con Revista Kamchatka sobre la situación política local. Sostuvo que todavía falta el punto nodal que reúna las demandas que antagonicen con Cambiemos, retaceó la concesión de hegemonía al macrismo y liderazgo al Presidente y alertó sobre la dificultad de sostener el deseo político en la sociedad si no aparece un proyecto alternativo al oficialismo.

Foto: Estanislao Santos

Se está viendo una dificultad en las fuerzas opositoras o antagonistas con el macrismo para fortalecerse desde la imaginación política, salvo algunos raptos o iniciativas. Se está poniendo de manifiesto en esos ámbitos una fórmula que ya no entusiasma tanto o que ya se produjo antes y no augura buenos resultados. ¿Qué perspectiva tiene usted?

Es el problema crucial ese que acaba de mencionar. Porque habría que cumplir, vamos a decir, una triple condición: un antagonismo (basado en un programa con claro contenido antineoliberal), como lo mencionó; luego una organización política de lo social; y finalmente, nombres propios, donde evidentemente el de Cristina (Fernández de Kirchner) juega un rol fundamental pero habría que ver cómo interpreta ella la dinámica de los propios acontecimientos –y tienen que ser o deberían ser nombres propios auténticamente populares-. Como estas tres condiciones todavía no se reúnen, hay un momento en que la propia militancia va sintiendo un desgaste, como si el propio discurso se les deshilachara. Faltaría lo que (Ernesto) Laclau llama un punto nodal, un punto de cierre o un lugar desde donde se resignifique todo lo que estamos haciendo. Ese punto nodal todavía no está y no digo que eso sea un error sino que puede ser que no se hayan dado los tiempos o que sean necesarios algunos pasos para que haya ese elemento que logre configurar el proyecto.

Hay quienes se han apurado a otorgarle el carnet de hegemonía a Cambiemos, cuando a todas luces hay tensiones al interior de esa alianza. Y aunque eso no implique necesariamente un cataclismo al estilo del 2001, da la sensación que ese bloque está más unido por el espanto al fantasma del populismo que por un programa propio. De esta manera, uno se podría preguntar si la tarea pendiente es la construcción de una mayoría o alcanza con que una fracción, sea por accidente o inteligencia, se haga de una posición que reúna preferencias electorales en un momento determinado…

En la pregunta hay varios temas implicados a la vez. En primer lugar, habría que ver desde qué ángulo teórico se trata el concepto de hegemonía. Yo diferencio poder de hegemonía.
Creo que el macrismo forma parte de los dispositivos de poder pero no constituye una hegemonía porque eso requeriría articular diferencias en un horizonte de una voluntad popular, con la construcción y la emergencia de un liderazgo nuevo. Y a (Mauricio) Macri no lo quiere nadie, es más bien el odio a Cristina el que constituye al macrismo. Además, no necesita una hegemonía porque tiene todos los dispositivos neoliberales a su favor y, a la vez, la matriz narrativa del discurso macrista es igual en todas partes del mundo: pesada herencia, despilfarro, corrupción. En todo caso, lo que lo distinguiría sería que, en vez de ser un trabajo de las corporaciones, parece ser que hay una banda de amigos que se reparten las cosas.


Después está el otro problema señalado, que es diferente. Una cosa es construir un proyecto hegemónico, que no necesariamente está regido por una lógica electoral sino que se percibe o se presenta a sí mismo como una organización política, y otra cosa es ganar en el 2019. Son dos problemas que podría parecer que van juntos pero son distintos. Ganar en 2019 podría ser que ocurriese por azar, si una fórmula conquista una mayoría. Eso no se traduce a que haya una organización política con vocación hegemónica. Sin duda, el kirchnerismo tiene un gran caudal militante y una gran energía social. 
Pero, a mi juicio, en este momento aún carece de la organización que debería tener.

¿Los ganadores del 2015 han inhibido el deseo político de la sociedad argentina?
Pienso que, en realidad, no. Pero sí es cierto que tenemos el problema que formulé en la primera respuesta. Entiendo que los tiempos sean muy difíciles de conjugar pero, si en algún momento, no aparece delimitado cómo es el proyecto puede haber dificultades para que ese deseo se sostenga. Una forma que tiene el neoliberalismo de quebrarte es generar la sensación colectiva de que no hay alternativa.


¿Algo así ocurrió en los 90’?

También, sí. Pero los 90’ eran todavía una época histórica distinta. Ahora hay un dispositivo mundial funcionando. En los 90’, se pensaba la globalización. Ahora, ya es un estado de guerra permanente y, luego, dispositivos neoliberales que llaman al sacrificio compartido a las poblaciones.

Pero, a su vez, en Argentina en particular y en Latinoamérica en general, el sedazo cultural era muy grande en aquellos años y mucho más potente y efectivo que ahora, donde hay un saldo organizativo distinto. Acaba de mencionarlo al referirse a la energía militante kirchnerista, si se quiere. ¿Eso pone las cosas en otro estadio?

Es otro estadio, sí. Además, el menemismo tenía sus adherentes. Los adherentes del macrismo son todos ambivalentes.

¿Podría profundizarlo?

Macri no suscita adhesiones, vive del odio que ha generado el proyecto anterior…

Aunque parezca tonta la pregunta, ¿cree que el amor vence al odio?

(Silencio) En algunos casos, sí. En otros, no. No hay una ley general para esa pregunta. Me gustaría tener una respuesta general para eso. Sí puedo decir que el amor es más radical que el odio.

¿Por qué? ¿Porque tiene mayor alcance que el rechazo?
No, el rechazo tiene mucho alcance. Un insulto es inolvidable. Y el amor no acierta o no da en el blanco como lo hace el insulto. Pero el amor es más transformador.

Siguiendo con esa dicotomía, ¿el odio cuesta menos trabajo que el amor?

Sí, porque en el odio se conserva la identidad. El amor obliga a que la identidad se transforme y uno se vuelva otra clase de sujeto.

Entonces, ¿es un desafío mayor la construcción política del campo popular porque, además de construir el rechazo de aquello con lo que antagoniza, precisa construir un amor propio de manera colectiva?

Sí, en una construcción política no sos vos lo único que interesa.
¿Qué sería lo más angustiante de esta etapa política?

Que no encontremos el punto de anclaje que nos permita reorganizarnos.