Por Roberto Coluccio para Huellas Suburbanas   ***

Sábado soleado. Segundo día de marzo de 2019. Pensé: Ayer comenzó el año. Terminan las vacaciones de verano. Habló el Presidente en el Congreso. Las redes dicen muchas cosas sobre el tema, pero… ¿Qué dirá la calle? En vísperas del carnaval, decidí salir a caminar por el centro de la ciudad que habito, Haedo.

En esta zona del conurbano oeste, recordemos que en 2017 Cambiemos ganó con casi el 56% de los votos. Y en 2015, Mauricio Macri ganó cómodamente el Ballotage. En este contexto, prefiero no hablar de política con mis vecinos, o a lo sumo hacerlo con algunos pocos. Por ejemplo, la chica de la agencia de Loterías, que siempre me pregunta, o una vecina, o el dueño de la cochera donde guardo el auto… y pará de contar. Todos estos años viví sublevado, indignado, por la tranquilidad, inactividad, parsimonia, falta de reacción de los vecinos de este lindo barrio, mientras cerraban los comercios, se vaciaban las galerías, se destruían las Pymes, cientos de personas quedaban en la calle sin trabajo. Pienso que el “colchón” que habían hecho durante el período 2003-2015 era muy mullido, pues la vida transcurrió casi bucólicamente por estos lares.

Ya no. Días atrás, dos hombres conversaban en la parada de uno de los colectivos que surcan el Oeste, y uno de ellos gritaba -Este es un Gobierno que está lleno de Hijos de P…

Ese día había mucha gente en la Farmacia Central, calculo 50 personas. Muchos clientes iban a la caja a pagar, pero otros tantos preguntaban el precio de los medicamentos, y tras cartón se retiraban sin comprar. Golpe de telón. Una jubilada contaba las monedas para pagar medio kilo de queso en el almacén, y aún así, no le alcanzaba el dinero… segundo mazazo de realidad.

Pasé a saludar a mi amigo el tintorero, me recibió con un saludo cordial, campechano como siempre. Le pregunté cómo marchaba la cosa por ahí. “Dejáte de joder! Hablemos de futbol o de otra cosa. No quiero hablar de la realidad. Me está yendo muy mal” me espetó. Noté que su local estaba muy vacío, con pocas prendas listas para entregar. Apenas me añadió: “Pasé un febrero muy difícil. No entra nadie”.

Seguí mi trayecto, mientras recordaba que el Presidente de la Nación pintó un país muy distinto al que vivimos cotidianamente. Ellos dicen que baja la inflación, que sube el empleo, que crecen las exportaciones. La calle en Haedo, y en cualquier punto geográfico del conurbano bonaerense y resto del país, nos indican tan fácil como dramáticamente, otra cosa bien distinta. Y mi bolsillo también.