Por Ernesto Tiffenberg   ***

Uno de los peligros de la doctrina Bullrich es que mueras vos. O tu hijo, o tu amigo, o el amigo de tu amigo, o tu madre o cualquiera que no haya cometido más crimen que estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Si un policía abre fuego contra un delincuente todos los que están cerca, y no sólo el policía y el delincuente, corren el riesgo de ser alcanzados por los disparos.

A Sandra Rivas, la mujer de 46 años que recibió un balazo en la nuca disparado por un policía que intentaba reducir a dos asaltantes en un colectivo lleno, nadie le preguntó si era “garantista”. Ni a su hija, sentada a su lado. Ni al ocasional colectivero, que terminó internado víctima de un shock. Ni a Edgardo Valencia, otro pasajero que recibió un balazo en el hombro.

Todo esto puede parecer muy obvio, pero cuando Patricia Bullrich defiende a los prefectos que mataron a Rafael Nahuel por la espalda, y asegura que la verdad de lo ocurrido en ese supuesto enfrentamiento entre mapuches y efectivos de las fuerzas de seguridad es la versión que le dieron los victimarios; cuando el Presidente felicita en persona a un policía acusado de matar, también por la espalda, a un delincuente que huye en pleno centro; cuando la Ministra decide cambiar los protocolos oficiales para liberar a los efectivos de responsabilidad sobre las consecuencias del uso de armas de fuego, lo que están haciendo es fomentar el abuso letal por parte de los uniformados en cualquier circunstancia y lugar.

Los estudios internacionales muestran que ese tipo de políticas aumenta la violencia social, promueve la violación de los derechos civiles
(tanto de los delincuentes como de los “sospechosos” de serlo) y hasta pone en mayor riesgo la vida de los propios policías.

Patricia Bullrich dice que lo hace porque tiene un plan para combatir la inseguridad. Pero lo que Patricia Bullrich tiene es un plan de campaña electoral. Privado de cualquier logro económico para exhibir, Jaime Durán Barba cree que “bolsonarizar” el debate impacta en la “ancha avenida del medio”, pero sobre todo piensa en los cientos de miles de miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, que se multiplican con los retirados y familiares directos, cuyo voto está empeñado en fidelizar.

Por eso el Gobierno juntó cuánto proyecto había, sin presentar un plan que les dé un sentido ni preocuparse porque varios son contradictorios entre sí. Como el objetivo es ganar elecciones, y no disminuir la criminalidad, para los funcionarios eso no tiene mayor importancia.

El problema se le presenta al resto, cuando las “soluciones” ofrecidas para proteger a los ciudadanos son en realidad amenazas contra su integridad y su vida.

Este es justamente el caso.

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