Entrevista a Gabriel Guralnik, director del Cine Cosmos ubicado en Capital Federal. Por: Roberto Coluccio y Daniel Chaves para Huellas Suburbanas.

Muchos lectores lo conocerán, otros quizás aún no. El tradicional Cine Cosmos está ubicado sobre Avenida Corrientes 2046, a sólo 200 metros de la emblemática esquina de la mencionada y Avenida Callao. El legendario cine que proyectaba las películas de la antigua Unión Soviética, europa oriental, los ciclos de Ingmar Bergman, el cine altamente social de la Italia de posguerra, y muchísimas joyas de la historia de la cinematografía.

Hasta allí nos acercamos para conversar con el actual Director de la mencionada institución, Lic. Gabriel Guralnik. De formación académica en las Ciencias Exactas y la informática en particular, realizó posteriormente diversos trabajos ligado a la gestión cultural y el cine. También posee un Doctorado en Psicología Política, y ha venido dictando una cátedra en el ENERC, más conocida como la Escuela Nacional de Cinematografía. Hacia 2014, fue convocado por la Secretaría de Cultura de la UBA para trabajar en la reapertura del cine Cosmos. También conversamos acerca del estado del desarrollo del cine argentino, la incidencia -o no tanto- de las nuevas plataformas digitales en cuanto a la concurrencia de público a las salas de cine, y los desafíos que encarna el propio entrevistado, en su actual responsabilidad de modernizar y fortalecer a esta señera sala que proyecta el denominado cine artístico.

Este complejo cuenta con una gran trayectoria, vinculado a una cinematografía mayormente europea, de tipo artístico y quizás alejado del cine más comercial, ¿como bien puede ser el hollywoodense?

 El cine Cosmos empieza a proyectar en la última mitad de la década de 1960, antes de eso era el cine teatro Cataluña. Lo primero que proyecta es cine de la Unión Soviética y Europa Oriental. Era “el” cine en Buenos Aires que trabajaba con cine artístico de aquellas regiones. Les trajo algunos problemas durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, y luego fueron incorporando cine escandinavo, de Europa Occidental, de Japón… además, poseía una sala grande, para más de 1000 espectadores.

Claro, era la época dorada del cine también…

 Así es, y eso duró hasta los años 80… el declive empezó con el videocable, los video club, y a partir de ahí el cine comenzó a perder público, porque si bien no es lo mismo, la gente descubrió que podía ver una película desde su casa y abaratar costos.

¿Cómo se financia el cine artístico y/o independiente?

 Los cines multipantalla, mayormente pasan un cine de características comerciales. Y digo comercial con todo el respeto del mundo. Hay gente que ha tenido una actitud despectiva, como que se posiciona desde arriba y habla de lo comercial para abajo. Nosotros, el INCAA y los institutos de cine cuyos países fomentan a sus artistas, en última instancia viven de la plata que se recauda por toda la masa de gente que va a ver películas de Hollywood y pagan el impuesto. Hay una paradoja en todo eso. Pero con ese impuesto, el INCAA puede fomentar películas de un director independiente, gracias a que te financia el Estado.

¿De dónde se obtiene la mayor rentabilidad en los cines?

Cambió el tipo de sala. El negocio para el que tiene una sala, creo que muchas veces pasa más por el Candy Bar que por lo que se lleva por la película. Algunas veces ni siquiera se cubren todos los costos. Con ese modelo se relanza el cine desde los años 90, una propuesta con muchas pantallas más chicas que antes. No hay más salas para 1000 espectadores. Hay varias salas para 150, 300… depende el lugar. Así se diversifica el público, hay varias películas a la vez, y por ahí la cosa empieza a funcionar.

¿Y con respecto a las salas para el cine artístico?

Quedan unas cuantas en Buenos Aires, necesariamente tienen que ser más chicas y con una propuesta para poder subsistir. Está el BAMA, el LORCA, también está el ARTE MULTIPLEX con una mayor oferta de comidas, y es parte del complejo de Multiplex.

¿A quién pertenece actualmente el Cine Cosmos?

Pertenece a la Universidad de Buenos Aires, no tenemos convenio con nadie. Nosotros adherimos a los espacios INCAA con una carta de intención ni bien se crearon, pero no tenemos intervención del INCAA dentro del cine. Algunas películas que traigo están consensuadas con el INCAA, son de producción nacional, y esa es una forma de cooperación.

Nos aclaraste bien este punto, porque pensábamos que había un vínculo mayor con el INCAA

Tenemos que comunicar adecuadamente ese hecho; la comunicación no está suficientemente bien aceitada para que la gente tenga en claro que no somos el INCAA, ni dependemos del mismo. Nosotros pasamos películas del circuito artístico. Incluye en buena medida cine de Europa en general, hay bastante cine de Medio Oriente, Palestina, Israel, Irán… también tenemos algunas del cine japonés. Hay mucha oferta. Hemos traído algunas películas de Estados Unidos también, del circuito alternativo, el “Indie” como ellos lo denominan. Los ingleses tienen muy buen cine social, y por supuesto cuando aparece algo bueno nacional lo tratamos de traer. Aunque no tenga tanto público, lo ponemos para hacerle un poco el aguante al que la realizó.

¿Cómo ves al desarrollo del cine nacional en esta etapa?

Desde el punto de vista artístico, sigue siendo excelente. Se ve en la cantidad de premios internacionales que obtiene, los recorridos que realizan las películas. Las variedades temáticas son enormes. La producción continúa. Hay cuestiones que van más allá de una gestión. Lo que recauda el INCAA, que es un ente autárquico, lo tiene que destinar al cine, no tiene otra posibilidad. Los subsidios siguen funcionando, son muy inferiores en valor a lo que eran antes eso sí; también en ello interviene la devaluación del año pasado. En un momento había tantas películas que no alcanzaba el impuesto, entonces Nación aportó desde el Tesoro Nacional como para brindar apoyo. Pero no es la idea. Creo que el año pasado se dio un corte algo brusco y por ende, se generaron protestas.

¿De qué manera debe, o debería, financiarse el cine?

Lo sano es que le propio cine se encargue de autofinanciarse, como sucede en todo el mundo.

¿Hubo merma en la cantidad de espectadores durante 2018?

En 2018 se disminuyó levemente con respecto a 2017. Había empezado a caer desde antes. Según el diario La Nación, en 2014 asistieron 44,2 millones de espectadores; en 2015: 50,3; 2016: 48,8; 2017: 47,6 y 2018: 44,6. Lo bueno, a pesar de todo, es que en 2018 se vendieron 500 mil entradas más de cine argentino que durante 2017.

O sea que, a pesar del fenómeno de las nuevas plataformas digitales, por caso Netflix, se siguió incrementando la concurrencia a las salas de cine…

Es que el cine comercial tiene su público. Los jóvenes lo adquirieron como una salida de grupo, ves parejas adultas jóvenes también. En cambio, en el cine artístico veo una predominancia de gente mayor de 45, 50 años e incluso bastante más. Eso se nota acá en el Cosmos. También se dio, por ejemplo con un documental “El silencio es un cuerpo que cae” basada en los testimonios de un militante de los años ´70, que para esa película se llenaba de gente y predominaban los jóvenes.

Infancia cinéfila

Vos fuiste un niño en los años 60 y un adolescente en los 70. ¿Mirabas mucho cine en aquella época?

Cuando era chico, primero con mi madre y luego ya solo, los sábados las salidas consistían en ir al cine, salvo que jugase a la pelota en el club. Allí en el barrio de Flores donde crecí, había una gran cantidad de cines. Iba al San Martín, que pasaba continuados, de dos o hasta tres películas pagando una entrada. El viejo Canal 11, a inicios de los años 70 empezó con el ciclo “Cine de Súper Acción” los días sábados, y proyectaban tres películas por lo general, a lo largo de 7 horas. Así que te quedabas en tu casa, te pasaban primero una de Ed Wood o un Western, la segunda era una de acción un poco mejor, y la última era sin dudas, la más interesante. Pero de todos modos, seguíamos yendo al cine.

¿Qué situación casi icónica diríamos, recordás de aquellos buenos años del cine?

La calle Lavalle. A la salida de los cines no se podía caminar de tanta gente que había. Para llegar hasta la esquina podías demorarte media hora. Luego cenábamos en alguna de las pizzerías tradicionales de esa zona. Y de repente desapareció de la noche a la mañana todo ese esplendor. Ya en épocas de la última dictadura empezaron a salir microcines por Lavalle, y algunos a proyectar porno. Comenzó una mutación, mucha gente comenzó a trasladarse hasta Belgrano para ver cine. Y cuando apareció el video, directamente todo aquello desapareció.

¿El cine se lleva mejor con las multitudes o con un público más bien de élite?

Claramente el cine nació y sigue siendo un espectáculo de multitudes. Para algunas películas vas a querer seguir yendo al cine, aunque sean salas más chicas que antes pero con una pantalla grande, con sonido Dolby 7.1… eso no lo tenés en tu casa. Mientras Hollywood se estaba gestando, quienes primero vieron la importancia de la característica popular que tiene el cine, fueron los dirigentes de la revolución Soviética, en el lejano 1917. Rápidamente, en 1919, Lenin fundó la primera universidad del Cine del mundo, la VGIK. Así que en el primer experimento socialista se determinó lo importante que era, como espectáculo masivo y como arte.

¿Sentís que con esta función que estás cumpliendo en el Cosmos, uniste lo lúdico con tu profesión?

La verdad que sí, en cierto modo es el sueño del pibe. Es un trabajo arduo, y a veces el público se enoja de más, no sabe el trabajo que hay detrás para que esto funcione a muy bajo costo. Nosotros tenemos la sala histórica, ahora para 160 personas, y para complementar hay un microcine que tiene 32 butacas, que también tiene un muy buen proyector y obviamente la pantalla es más chica, con sonido Dolby 5.1

Cuando llegaste a ocupar tu actual función, ¿el cine estaba cerrado?

No, estaba abierto pero estaba en unas condiciones muy precarias. La sala 2 estaba clausurada, la sala grande tenía fílmico que ahora ya no se usa, con un proyector muy antiguo, de baja potencia. Las lucs andaban al 20 por ciento, no había casi personal para atender. Se ve que había pocos recursos. Lo más inaceptable para mí era el estado de los baños, y no había baños para discapacitados. Así que pusimos manos a la obra a fines de 2014 con un plan de reformas, que duró en un principio, un año y medio hasta reciclar todo a nuevo. Nos llevó algo más de tiempo traer el equipamiento y vino la tecnología digital, así que hubo que renovarse también en ese aspecto. Ello estiró a dos años las tareas de reacondicionamiento. Finalmente logramos reabrir el cine en octubre de 2017.

¿Qué planes tenés de aquí en adelante para el Cosmos?

Primero quiero llevar la sala de 160 a 180 butacas. Quiero que habilitemos el bar, renovamos toda la barra… y quiero mejorar aún más el proyector de la sala grande. Con respecto a la sala chica, estoy analizando llevar el sistema de sonido a Dolbi 7.1, que es el último.

Conversar con Gabriel Guralnik nos transporta al mundo de la cinematografía con la afabilidad de su trato y el vasto conocimiento que comparte de manera espontánea. El recorrido por las salas de proyección, contemplar los antiguos proyectores en simultáneo con las explicaciones técnicas que el entrevistado nos iba proporcionando, fue también, además de esclarecedor, un viaje a nuestros propios pasados, las fantasías y la celebración que representaba para cada uno de nosotros, hacer una salida al cine. De ello Guralnik sabe y mucho, y con su apasionamiento por el séptimo arte, nos convoca, desde el renovado Cine Cosmos, a apostar por estos espectáculos que brindan ensoñación, enriquecimiento artístico y también una importante dosis de información.