por Mariano Pagnucco     ****

La presidenta y el vice de la cooperativa que gestiona el Hotel Bauen desde hace 16 años comparten sus reflexiones en un contexto de nueva amenaza de desalojo judicial. En una charla en el emblemático edificio de Callao 360, que hoy alberga también otras experiencias de autogetión, entre ellas a Cítrica.

Para hablar con Eva Lossada y Federico Tonarelli, presidenta y vice de la cooperativa que gestiona el Hotel Bauen desde 2003, hay que revisar la agenda a cada rato. Los compromisos de ambos se actualizan día a día, a veces se superponen, y entonces conviene acercarse hasta Callao 360, el lugar que comparten las 90 personas que han convertido la gestión hotelera en un modo de vida parecido a las premisas del movimiento de empresas recuperadas argentinas: ocupar, resistir, producir.

Para colmo, el número de cooperativistas llega a 200, porque en el edificio funcionan también las redacciones de La Garganta Poderosa y Cítrica, el grupo teatral El Descubridor (con Manuel Callau a la cabeza) y un almacén de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). La suma de tantas voluntades hizo nacer el Espacio Cooperativo Bauen.

En un hueco abierto en medio de reuniones, llamados e imprevistos, Eva y Federico se sientan a hablar mientras la feria judicial les permite olvidarse de una posible (nueva) orden de desalojo impulsada por los antiguos dueños del hotel. Los mismos dueños que lo abandonaron para que los trabajadores y las trabajadoras se hicieran cargo en modo cooperativo.

—Cualquiera que entra al hotel ve que la cooperativa tiene mucha actividad, eventos, movimiento de gente. ¿Eso es porque el hotel no puede parar o como forma de resistencia contra la amenaza de desalojo?

Eva: Son las dos cosas. La resistencia la hacemos desde el primer momento que ingresamos. Lo otro es que el hotel no para, y eso es bueno. La gente acompaña, viene, se hospeda, hay chicos, hay movimiento. La Poderosa hizo un evento con los chicos y nosotros con la chocolatada, y también tenemos que seguir el ritmo del trabajo como siempre para que los huéspedes puedan sentirse bien. Hay mucha gente que viene a alojarse y no sabe que esto es una cooperativa. Nosotros les explicamos, pero mucha gente viene a hacer su trámite, está apurada, quiere alojarse, se fija qué hotel céntrico le viene bien y se hospeda. Estamos contentos porque hay movimiento y eso nos hace sentir más fuertes. Si no nos bajonearíamos, pero la gente, la organización, es como que nos mantiene activos. No es que el Bauen es fuerte, todos lo hacen fuerte por ese motivo: los compañeros hacen eventos, hay movimiento.

—Federico: Todas las recuperadas tienen la particularidad de trabajar en medio del conflicto. Estamos obligados a trabajar porque vivimos del laburo en el hotel. Después, porque la hotelería en muchos casos se pacta con mucha anterioridad, los eventos también, entonces hay un movimiento permanente. La cooperativa tiene 16 años, hace mucho que se labura como al unísono. Desarrollamos esa capacidad de poder trabajar en un contexto donde siempre hay una avanzada judicial, algún problema, alguna clausura. Como todas las cosas feas en la vida, uno desarrolla una suerte de capacidad para sobrellevarlas. Todo esto que se ve es parte del laburo y a la vez sirve como anticuerpo y campaña de solidaridad.

—¿Para ustedes es una amenaza más de desalojo o esta vez hay algo distinto?

—Federico: Siempre parece como que fuera la última y de algún modo encontramos la manera de continuar. A veces por un vericueto jurídico, otras, como en 2016, con la ley sancionada en el Congreso. El hecho de que siempre encontramos alguna alternativa más o alguna vida más es consecuencia de lo que se construye. Me refiero a que la cooperativa es un trabajo genuino de solidaridad, apertura, sin restricciones, de amplitud. Y eso vuelve de algún modo, en acciones de solidaridad, cada vez que hay un problema. Entonces por eso siempre parece que es la última, y siempre sacamos como un conejo de la galera. Si no estuviera todo ese paragua de solidaridad sería muy difícil encontrar un resquicio jurídico o hacer votar una ley por el Congreso Nacional. A veces yo puedo pararme un poco a la distancia, miro lo difícil que es estar en medio de semejante clima y tener plena conciencia de lo que está ocurriendo.

—Eva: Nos debemos un poco a la sociedad también. Entonces, si nos tenemos que ir, tendríamos que ir con la cooperativa a otro lado, pero estamos peleando por un edificio que fue construido con un préstamo que nunca fue pago y fue construido como propiedad horizontal, ni siquiera como hotel. Hay muchas cosas muy oscuras y nosotros no queremos el hotel para nosotros, queremos que sea para el Estado y que puedan venir los jubilados, los diputados de las provincias. Un hotel que sea del Estado. Nosotros pusimos a funcionar comercialmente un hotel que estaba cerrado, es una marca que funciona, una empresa nacional. Es desgastante con todo el tiempo que ha pasado: cuando fuimos al Congreso, lo disfrutamos cinco minutos, Macri lo vetó. Son esas cosas que uno dice somos pocos y somos muchos. Ellos no saben los que están atrás nuestro, la fuerza que tienen, y esa fuerza nos dan a nosotros para seguir adelante.

—¿Quiénes sienten que están atrás?

—Eva: La sociedad. Todos se sienten parte de esto. Así como estamos nosotros, está la revista Cítrica, los compañeros de La Poderosa, el grupo de teatro El Descubridor, el almacén de la CTEP. No es solamente el Bauen, son cooperativas con cooperativas. Es una gran casa de cooperativas. Nosotros seguimos por eso. Nos caemos como todos los compañeros, no es que nos creemos héroes, son los compañeros que nos ponen esa fuerza. Si nos queremos caer, están los otros atrás y vamos para adelante, porque si se cae uno se caen todos. Eso nos da fuerza.

—¿Qué es para ustedes el Bauen?

—Eva: Para mí esto realmente es una potencia de trabajo. Entre todos ya está escrito, no hay nadie que lo pueda borrar. Por más que un Presidente lo quiera vetar, no nos sentimos ni más ni menos que nadie. La sociedad se siente identificada porque nos vio pedir en la calle, venían a tomar un café sabiendo el valor que tiene ese café acá en vez de ir a tomarlo a otro lado. Esa plata ayuda a llevarse algo a la casa y a fin de mes la tenemos que repartir, además de pagar los impuestos. Uno se siente identificado porque es el trabajo ante todo, si no tenés trabajo no podés pensar en comprarte una remera ni nada. Uno piensa ¿cómo no vamos a poder?, con toda la gente que estuvo alrededor nuestro, militantes. Nosotros en ese momento no teníamos esa militancia y ahora puedo decir que sí y lo voy a llevar en el alma, porque es la fuente de trabajo, nuestra bandera.

—Federico: Es complejo, porque es todo junto: el laburo, la militancia, el compromiso, la solidaridad, el haber hecho esto del ejercicio cooperativo en serio. Las cooperativas de trabajo te activan aun contra tu voluntad, porque a veces uno no tiene ganas, por una cuestión lógica de cansancio, y vos tenés que decidir cómo repartir la ganancia, cuándo tomarse vacaciones, cómo repartir los turnos, cómo distribuirse en el laburo. Entonces te va convirtiendo en un sujeto político y participativo real. En un ámbito tan antidemocrático como es un laburo en relación de dependencia, estas experiencias se cruzan, son un proceso de ruptura muy grande. Para mí fue una experiencia fabulosa, y es concretamente mi vida. Hago todo acá. Hemos construido, a partir de la cooperativa, el espacio que mantenemos con las otras cuatro cooperativas, después la Federación de cooperativas, la Confederación. Hemos construido mucho, muchísimo, en estos casi 20 años,  entonces es un pedazo de tu vida muy importante.

—¿Algún deseo para el futuro?


—Federico:
Quiero resolver esto de una vez por todas y favorablemente. Porque así como está buenísimo todo esto que hablamos, también es muy pesado llevar esta situación de incertidumbre. Tenés que dormir con un ojo abierto, y no podés sostenerlo en el tiempo indefinidamente. Entonces son 16 años, es una enormidad de tiempo en la vida de cualquier persona. Hay que resolverlo. Deseo, sueño, espero que lo podamos resolver. Ni más ni menos. No queremos que nos regalen el edificio, el edificio debe ser del Estado, escriturado por el Ministerio de Desarrollo Social o por el INAES, después eso se verá. La cooperativa quiere un comodato para asegurar y legalizar la gestión. Creo que nos lo merecemos por todo el esfuerzo y por haber cuidado el patrimonio del Estado, claramente. Eso lo podés traducir en deseos, sueños, expectativas, horizontes, norte… todo eso junto.

—Eva: Yo deseo que sea una victoria de los trabajadores, pero todo tipo de trabajadores: la cultura, los maestros, todos. Esto sería la victoria de todos, no de los compañeros del Bauen solamente. Cuando hay una marcha, pasan y te aplauden, te llena el alma, porque vos sos como ellos. Eso no se paga con todo el dinero del mundo. Hay mucha gente apoyando, aunque no se vea sabemos que está. Que en algún momento se tomaron un café, se hospedaron, hicieron una fiesta, nos ayudaron en una marcha, lloraron con nosotros, también nos dieron fuerza. Es una potencia que no se puede ni escribir lo que uno siente. Es muy fuerte.

https://revistacitrica.com/el-bauen-es-una-gran-casa-de-cooperativas.html