por Santiago Asorey   ***

«Todo ocurre en un clima alucinatorio para el oficialismo, funcionarios macristas sumergidos en un estado de incomprensión. “¿En qué momento ocurrió esto?”, se preguntan.

Si todas las estadísticas, si los grandes medios hegemónicos, si la big data decía otra cosa. El blindaje mediático fue un arma de doble filo; era un espejo opaco que no permitía ver a la dirigencia macrista del otro lado, los cambiemitas se habían auto convencido de una fortaleza ilusoria».

El resultado de las PASO pintó de azul el mapa de todo el país y el triunfo de Alberto Fernández volcó el tablero político. De volverse a confirmar esos resultados en octubre, se empieza a cerrar la restauración conservadora que Cambiemos intentó llevar adelante durante cuatro oscuros años.

El impacto del abultado resultado electoral trajo una serie de errores no forzados de Macri. Todo ocurrió en un vértigo que rompió cualquier capacidad de reacción de parte del Gobierno. Lo que todos vimos: Macri culpó a la gente por no votarlo. Hasta la prensa hegemónica dejó trascender que fue el propio presidente el que permitió una nueva devaluación que volverá a perjudicar a la clase media y las clases populares. Macri dejó un mensaje claro el lunes: «Ojo que si no me votan van a tener más de este incendio». Es el macrismo final y en sus sombras aparecen los fantasmas de Alfonsín y De la Rúa.

Hoy, el expresidente del Banco Central Martín Redrado lo afirmo sin eufemismos: «El Presidente dijo el día lunes: ‘que el dólar se vaya a donde se tenga que ir de modo tal que los argentinos aprendan a quién votar'». En ese momento, la frase del presidente «tengo que estar tranquilo porque si me vuelvo loco les puedo hacer daño» se hizo textual. En el medio del desbande, el macrismo todavía se resiste a hacer cambios en el Gabinete. Pero generar una estética de la no derrota no es lo mismo que no estar derrotado. De golpe, se expone el abismo que separa al Gobierno de sus aliados comunicacionales y la realidad del pueblo argentino.

Dos días después, en un nuevo giro brusco, Macri intentó mostrar una nueva reacción, pidió disculpas y lanzó una batería de anuncios para aliviar a la clase media. Anunció congelamiento de precios en los combustibles, lo que generó un conflicto con el sector, que luego terminó en la paralización de la medida. Lejos quedaron los meses en los que el presidente sostenía que «no existe otro camino” al ajuste del oficialismo. No era tan así. El problema es que el pueblo ya no le cree y tampoco los «mercados financieros», como describió el Financial Times, que aseveró que Macri «perdió contacto con la realidad».

Así las cosas, el bloque de la prensa hegemónica giró al mismo ritmo de la nueva ola electoral y gran parte de los periodistas saltaron del barco. Panorama de estos días de fuego y cenizas macristas. Quien terminó de confirmar la implosión del bloque conservador neoliberal fue el columnista estrella del órgano de prensa de la oligarquía argentina. Carlos Pagni afirmó en La Nación que la reacción de los mercados se debía también a que “programa vigente había perdido consenso social y que, por lo tanto, tampoco podría ser ya ejecutado por Macri”.

En este marco, los sucesos críticos se profundizan y demuestran que la conducción política de Macri se encuentra quebrada. Las tropas amarillas se reparten en direcciones opuestas. Mientras Carrió sostiene un camino de ultrapolarización hablando a un núcleo duro (¿de cara al 2023?), Gerardo Morales argumenta que las declaraciones bélicas de la Defensora de la Republica no suman de cara a las elecciones. En este escenario, parece lógico que Vidal decida enfrentar la campaña sin funcionarios nacionales y mostrando la máxima distancia de la figura presidencial.

Todo ocurre en un clima alucinatorio para el oficialismo. “¿En qué momento ocurrió esto?”, se preguntan. Las estadísticas, los grandes medios hegemónicos, la big data, parecían decir otra cosa. La realidad política que el macrismo había construido se desvaneció de golpe y apareció la Historia, como el ángel de Walter Benjamín. El blindaje mediático fue un arma de doble filo: terminó siendo un espejo opaco que no le permitio ver a la dirigencia macrista del otro lado. Los cambiemitas se terminaron convenciendo de una fortaleza ilusoria.

Huellas de la noche macrista

En septiembre de 2018, desde AGENCIA PACO URONDO anticipamos en nuestro editorial «El fin de la era Macri: devaluación, crisis de deuda y represión» que el proyecto político del Cambiemos iba irrevocablemente hacia el final de su hegemonía. Hasta ese momento, la oposición no había logrado volverse una alternativa política unificada que fuera capaz de vencer al macrismo en las urnas.

Luego de la derrota del 2017, Cristina tomó nota y aprendió la lección.
Comenzó el camino de la reconstrucción de un gran frente nacional antimacrista y comenzó un período de reencuentro con dirigentes de la oposición. Entre otros se encuentran Sergio Massa, Hugo Moyano, Felipe Solá y el propio ex jefe de Gabinete de Néstor Kirchner y actual candidato a presidente Alberto Fernández.

Nos referimos a este problema en nuestro editorial de febrero del 2018: “Tenemos que defender a Hugo Moyano”. En ese momento, sostuvimos: “El camino para romper la hegemonía neoliberal macrista implica reaglutinar un gran frente antimacrista” y subrayamos: “El kirchnerismo logró -por momentos- saldar esa unidad entre las dos alas del movimiento. Bajo ese sello se dieron luchas claves como la 125 (2008)”.

También hicimos alusión a esa encrucijada luego de la derrota en las elecciones legislativas del 2017: “Por nuestro pueblo: aprendamos a ganar”. En aquel texto, sosteníamos: “Es clave la importancia de pensar al votante de Florencio Randazzo, Massa y el peronismo de todo el país”. Estas discusiones políticas fueron planteadas en estos años e incorporadas a la militancia del campo nacional y popular.

Desde otra perspectiva, subrayamos sobre otros temas que atravesaron la agenda política de estos años y serán importante en una nueva gestión peronista. En el editorial “AbortoLegalYa, un tema de salud pública”, advertimos en relación a la Educación Sexual Integral (ESI).  En los años de gestión macrista “se redujo un 65% el presupuesto destinado a materiales y aumentaron los despidos de especialistas en la temática que dictaban capacitaciones” en las escuelas. También, denunciamos los efectos de la Doctrina Chocobar que Patricia Bullrich sostuvo con tanta fuerza y señalamos  que «el aumento de la violencia represiva del macrismo nos obliga a replantearnos si todos estos hechos pueden englobarse en la categoría de violencia institucional. Ésta se vuelve insuficiente».

Serán estos temas, entre otros, parte de la futura discusión política de la Argentina. Pero sin duda el eje central estará marcado por resolver la crisis económica y la “tierra arrasada” dejada por Cambiemos. Una tarea que no será la primera vez que el peronismo deba resolver. Allí encontrarán las organizaciones populares el lugar para desarrollar los músculos que fortalezcan y exijan a un nuevo Gobierno popular en esta nueva etapa.