Por Cristian Vitale   ***

Bastó que algún agitador, seguramente un peruca hincha de Independiente o de River, suba una foto a las redes para reverdecer esta polémica de veijísima data en el fútbol criollo, y cagarse de risa desde la pura neutralidad.

La imagen muestra al General pisando una pelota con el pie izquierdo, rodeado de varias personas. Entre ellas, un gigantón zaguero xeneize llamado José “Perico” Marante, que había debutado con la casaca azul y oro en 1934, con solo 19 años, en un partido contra Huracán. Un tipo alto y flaco, elástico, al que la hinchada le pedía leña y él daba. Un idolazo de los tiempos del fútbol romántico que, luego de un fugaz paso por Ferro en 1940, volvió al equipo de sus amores con un plus: a su reciedumbre natural, le sumó una técnica cuya sinergia con aquella primera virtud, le complicó la vida más de una vez a la máquina de River. Al genial Pedernera, en especial. Tan de Boca era Marante que hasta llegó a rechazar un jugoso contrato para irse a jugar a Italia, solo por seguir defendiendo la azul y oro hasta 1950. Ese año, tras defender por algunos partidos la camiseta violeta que llega hasta el sol (la de Defensor Sporting de Montevideo) se retiró del fútbol.


Paréntesis:
sepa el zonzo carne de medios que el Boca de Macri le llevaba el bolso a aquel que ganaba todo en la primera mitad del siglo (y diga que no había Libertadores ni copas del Mundo, ni de leche). Entre el comienzo del profesionalismo (1931) y el año de la foto (1948), el equipo de la ribera era el que más torneos nacionales había ganado junto a River: los dos tenían seis. Luego figuraba Independiente con tres. Pero si se suma la era amateur, Boca era el más ganador (doce copas total, además de la apoteótica gira por Europa, de 1925), y Racing el segundo, con ocho. Viene bien al caso, porque con Racing es la cosa. Con Racing y Boca. Entre Racing y Boca. Entreabrimos el paréntesis, entonces, porque cada vez que pinta el tema los hinchas de ambos bandos se trenzan duro para ver quién se queda con el líder.

Lo primero que aparece es que Perón era de Racing.
Hay toda una construcción mítica en el imaginario que lo asocia con la Academia, entre otros motivos porque fue durante su gobierno, el 3 de septiembre de 1950, cuando se inauguró el cilindro de Avellaneda. Las razones son que Estado habilitó subsidios para concretar semejante y bella obra (la mejor cancha argentina). Que Cereijo, presidente de la Academia y Ministro de Hacienda de la Nación, era ultraamigo de Perón, como si ese solo motivo los convirtiera mágicamente en hinchas del mismo club. Que el Estadio albiceleste se llama Perón. Y que el mismo General, viejo pillo, podía coquetear con tales colores, sabiendo que era uno de los dos equipos más ganadores del fútbol argento, hasta ese momento. Entonces, primer reflejo, emocional, sensitivo, tozudamente militado por los racinguistas: Perón era de Racing. Es una razón del corazón constitutiva de la identidad del hincha académico.

Pero resulta que la realidad, la única verdad, mete la cuña.

Si bien su gobierno había colaborado con River para ampliar su estadio en 1947 y también se abrazaría con un Angel Labruna ataviado con la camiseta millonaria, no hay ni remota posibilidad de que el General haya mostrado cercanías emotivo futboleras con River. Pero sí con Boca. Y profusa, dada la evidencia histórica, que le dicen. Una fuente más que autorizada –el mismísimo Cereijo— lo blanqueó en 1981. “El general era simpatizante de Boca y no de Racing, como suponían muchos. Es más, en 1951, cuando se disputó la famosa final entre Banfield y Racing, Perón hinchaba por el primero. Usted sabe, es común que nosotros nos identifiquemos con los más chicos”, aseguró el gran provocador de este duelo. Otro que desactivó el mito del Perón racinguista fue Antonio Cafiero, cuando era senador en 2009. «Me consta y lo puedo probar en cualquier momento. ¡Perón era hincha de Boca! Lo que pasa es que no lo decía porque, evidentemente, cuidaba a las demás hinchadas de los otros clubes», recontra aseguró.

Una tercera certeza, más in situ, data del torneo de 1953, cuando el Pocho gritó el gol agónico que Roberto Rolando, delantero de Boca, le hizo a River a los 41 minutos del segundo tiempo en el Monumental, para sellar un tremendo 3 a 2 a favor del Xeneize. La cuarta proviene también del mismo Perón cuando en 1964, entrevistado por el diario Crónica en Puerta de Hierro, se lamentó de una caída frente al Betis por 2 a 1, en una gira que Boca estaba haciendo por Europa. “La derrota de Boca con el Betis no solo la sentí como simpatizante de ese club, del que soy hincha desde hace muchos años, sino que me costó pagarle una apuesta a mi jardinero, un español que es rabioso simpatizante del Betis”, dijo el líder entonces exiliado en la entrevista publicada el 7 de septiembre de 1964, donde también se lee que mostraba su satisfacción por el primer puesto que mantenía el equipo albiazul en el campeonato nacional de ese año.

La quinta evidencia proviene de Atilio López, guardaespaldas del tres veces presidente. «Lo de que era de Racing prendió entre la gente, pero fue en realidad un invento de Ramón Cereijo. Perón era de Boca. Mil veces, cuando le preguntaban si era de algún otro cuadro, lo he oído contestar: No, de Boca«. Otra fuente que da con el dato es la del periodista Roberto Di Sandro. “Perón era hincha de Boca. Yo me acuerdo que una vez le hice un reportaje y le pregunté. ´Yo soy de Boca`, me dijo. Recibió a los jugadores de Boca en aquella época, en las décadas del 40` y del 50`, a Boyé, Mouriño, Pescia…”, expresó el histórico periodista, en una entrevista publicada el domingo 23 de septiembre de 2012. Incluso está aquella olvidada declaración de Perón en 1972 cuando aseguró que era de Boca “pero no de Armando”, en un vuelto al presidente del club por haberse pasado a la gorilona Alianza Republicana Federal, de Lanusse.

La luna es la luna. “Durazno sangrando” es de Spinetta. Dos más dos es cuatro, y Perón era de Boca. Pero los comentarios que siguen a la foto de Marante insisten: “No, era de Racing”.

Si Perón era de Racing, entonces Néstor era de Boca.

Y listo.