Por Alejandro Duchini   ***

Uno de los capítulos oscuros de la relación entre fútbol y política. “El primero de abril quiero la renuncia de todos”. Lapidario, y con un arma sobre el escritorio, el todopoderoso vicealmirante Carlos Lacoste se presentó así en la AFA, días después del golpe del 24 de marzo.


Emilio Eduardo Massera y Carlos Alberto Lacoste, los marinos que se adueñaron del fútbol argentino.

No fue sencillo para el ex presidente de Chicago, Paulino Niembro, y sus amigos de la UOM irse de la AFA. El vicealmirante Lacoste y sus hombres tomaron posesión del edificio de la calle Viamonte en silencio pero con órdenes que no convenía discutir. Pablo Llonto cuenta en su La vergüenza de todos (el dedo en la llaga del Mundial 78) que el 29 de marzo a la tarde Lacoste reunió a los dirigentes, puso un revólver sobre su escritorio y en menos de 30 minutos les explicó que para el 1 de abril quería la renuncia de todos los integrantes del Comité Ejecutivo. Rafael Aragón Cabrera llamó a Niembro, quien se encontraba en Córdoba mostrando obras del próximo Mundial a un representante de la FIFA, el alemán Herman Neurberger, y le dijo: “Oíme Paulino, tenés que volverte enseguida a Buenos Aires. Quieren la renuncia de todos nosotros, pero especialmente quieren la tuya”. Niembro, entonces representante de Chicago en AFA y el más peronista de sus dirigentes, sabía que su suerte estaba echada.

“Niembro colgó el teléfono y se imaginó que al bajar del avión en Aeroparque, seguiría los mismos pasos que su viejo amigo, el sindicalista Lorenzo Miguel, el Loro. Las fuerzas armadas de entonces se especializaban en eso de detener gente por portación de peronismo. Miguel había sido expulsado por los militares de su sillón de la poderosa Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y pasaba sus primeras horas en un buque-cárcel. Niembro no sólo era la voz cantante de la AFA. En el ámbito político lo llamaban ‘el padrino de Vandor’, uno de los creadores de la patria sindical. Y a Vandor, antes de asesinarlo, lo tildaban de traidor golpista y hombre de derecha. Niembro tenía en el fútbol el mismo peso que en los 60 había tenido en el campo gremial. Había sido secretario general de la UOM Capital y gracias a ello presidente del bloque de diputados justicialistas. En 1974, junto a Bracutto, a quien todos calificaban como su títere, cumplió un rol decisivo en la contratación de César Luis Menotti como entrenador del seleccionado argentino”, cuenta Llonto.

Bracutto, vicepresidente primero de la AFA, había asumido la conducción el 21 de junio de 1974, pocos días antes de la muerte de Juan Domingo Perón. Fernando Mitjans, entonces interventor (además de vicepresidente primero de Boca y escribano personal de Perón, como cuenta Sergio Levinsky en “AFA, el fútbol pasa, los negocios quedan”), tuvo que renunciar por las presiones que le impusieron los hombres de la UOM. Niembro, detenido por los militares tras el golpe de Estado del 76, fue uno de los que más trabajó para que se concrete el Mundial del 78. Incluso fue, junto a Bracutto y Lorenzo Miguel, uno de los mentores de la idea de que César Luis Menotti sea el director técnico del seleccionado. El acuerdo se selló sin su presencia pero con sus aliados Bracutto y Lorenzo Miguel en un restaurante que se llamaba La Raya, en la calle Pavón entre Urquiza y La Rioja.

Más allá de Bracutto, la AFA era manejada por Paulino Niembro y el también poderoso dirigente de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina, Horacio D’Angelo, presidente de Lanús. La llegada del gobierno militar, el 24 de marzo del 76, le quitó el poder a la AFA peronista. Los militares congelaron las cuentas bancarias de la AFA y a Bracutto, sin apoyo, no le quedó más que dejar el cargo.

Para tener otra idea de quiénes eran aquellos muchachos pesados de la AFA, del sindicalismo y del Chicago en los 70, vale continuar con Llonto: “Los guardaespaldas y matones de la burocracia sindical tenían, en marzo del 76, colecciones de fusiles, granadas y ametralladoras que se parecían demasiado a las armas de la policía”.

El día que Lacoste exigió la renuncia de Niembro y los demás, al ex presidente de Chicago ya no le quedaba poder. Niembro esbozó una resistencia pero el silencio de los demás dirigentes le hizo dar cuenta de que tenía que irse. El presidente de Boca, Alberto Armando, le dio el tiro de gracia. “Oiga don Niembro, me parece que debe entender los nuevos tiempos. Renuncie y todo será más sencillo”, lo humilló. Niembro firmó y después fue detenido en Devoto. Adiós AFA de la UOM.

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