Por Natalí Risso   ***

El atractivo para venir a invertir en Argentina no es el agua, sino la energía renovable (vientos y sol) que, por su propia definición, no corre el riesgo de acabarse.


En el camino de la descarbonización, el hidrógeno aparece como un complemento de combustible no fósil.

El anuncio de la inversión de 8400 millones de dólares y la creación de 14.500 puestos de trabajo por parte de la empresa australiana Fortescue para producir hidrógeno verde en el sur del país generó festejos y dudas. ¿Cuál es el verdadero interés de la empresa? ¿Es una inversión extractivista? ¿Genera impacto negativo para el medio ambiente? ¿Los números son exagerados? ¿Qué alertas hay que encender?

Interrogantes del mismo tono que el presidente de la empresa para América Latina, Agustín Pichot, admitió haber recibido hace más de un año cuando se reunió con el Gobierno para proponer la inversión. Lo cierto es que más allá del anuncio, importante en términos de montos y objetivo del proyecto, hay un aspecto que ubica al país en una situación de vanguardia: «Lo importante acá es la señal. Una empresa está posicionando a Argentina como un lugar atractivo para invertir en hidrógeno verde», explica a PáginaI12 Julio Mateo, economista especializado en desarrollo industrial y sostenibilidad

Para agregar que: «No es menor el contexto en que se realizó el anuncio. En la Cumbre de Glasgow, donde la mirada está puesta en este tipo de inversiones. Que una empresa apunte a Argentina en este escenario es sin duda una señal extraordinaria».

Ambiente y desarrollo

Uno de los objetivos de los países para reducir su huella de carbono es la descarbonización o reducción de emisiones de carbono a la atmósfera. Para lograrla, se apunta a la electrificación de la mayor parte de procesos que hoy utilizan combustibles fósiles como el gas o el petróleo, responsables de gran parte del calentamiento global.

Un ejemplo en este camino es el uso de autos eléctricos. Sin embargo, algunos procesos no pueden electrificarse ya que pierden sentido técnico o económico. Este sería el caso de camiones de larga distancia, barcos en el mar o colectivos eléctricos porque deberían tener baterías muy grandes. En el camino de la descarbonización, el hidrógeno se plantea como un complemento de combustible no fósil.

El hidrógeno aparece de esta manera como una fuente de energía limpia alternativa. Para obtenerlo existen diferentes procesos productivos de transformación que también implican más o menos grados de impacto ambiental. Hoy se utiliza sobre todo el hidrógeno gris, que se obtiene mediante un proceso bastante contaminante en el que se mezcla gas con vapor de agua.

El hidrógeno verde tiene la ventaja de utilizar energía renovable como la eólica o la solar para producirse. Dada esta característica, se trata de un combustible limpio que no genera emisiones de carbono para su producción.

Una de las mayores desconfianzas que genera un anuncio de esta magnitud de una empresa minera tiene que ver con la posibilidad de que pueda ser una inversión con un tinte extractivista, ya que se necesita agua para la generación de esta energía.

Julio Mateo, que además es coautor del documento «Hacia la economía del hidrógeno. Perspectivas de la agenda internacional y las oportunidades locales», que publicó el Ministerio de Desarrollo Productivo, es tajante: «El atractivo para venir a invertir acá no es el agua, sino la energía renovable que, por su propia definición, no corre el riesgo de acabarse».

Explica que «para hacer hidrógeno verde se necesita energía renovable y agua. El país más competitivo es el que tenga la energía renovable más barata y Argentina tiene, por vientos y sol, las mejores condiciones a nivel internacional». El consumo de agua en este proceso no es más riesgoso que el utilizado actualmente en el de la minería o la energía nuclear, incluso provoca un menor impacto.

Desafíos

El proyecto plantea generar 14.500 puestos de trabajo directos y 40.000 indirectos. Un documento del Ministerio de Desarrollo productivo establece previsiones más conservadoras que llegan a esa cifra de empleo recién hacia 2050.

«Si Argentina lograse una penetración en el mercado de exportación hacia 2050 de entre el 2,5 y el 5,0 por ciento –factible en términos de nuestra capacidad de generación de energía renovable–, podríamos atraer un volumen de inversiones de por lo menos 100.000 millones de dólares y generar exportaciones por más de 15.000 millones de dólares anuales, similares a las registradas para el complejo sojero en 2020», detalla el informe oficial.

Uno de los principales desafíos en este sentido tiene que ver con la capacidad de apalancar toda la cadena de actividad en función de la generación de este tipo de energía, aprovechando la tradición industrial de proveedores de la cadena del gas y el petróleo e incluso con trabajo de ciencia y técnica local.

El Ministerio de Desarrollo Productivo está trabajando en establecer un marco normativo para lograr que esta inversión sea una de muchas, y lograr que el país sea competitivo para atraer más inversiones de hidrógeno verde.