Por Gabriel Principe   ***

Una faceta del periodismo del siglo XXI es ser panelista en programas televisivos y radiales. Condiciones para ser un buen panelista: trabajar en un medio dominante, hacer un buen canje con una sastrería y modular alto, fuerte y claro cualquier pavada que diría una vecina a las ocho de la mañana con la escoba en la mano rumbo a baldear la vereda.

Con este formato Vilouta se ganó un Martín Fierro, el segundo. El primero fue por derrotar a Víctor Hugo Morales como mejor relator. Si, Vilouta es un grande del relato, amarillo. Pero no es el único y que bien lo hace. Cualquier tema de actualidad él le agrega su sabiduría.

Ejemplo, Lula está preso y mal condenado, el hombre de los dos Martín Fierro agrega, “por algo será”, “algo habrá hecho” y demás frases no jaurecheanas.

Acompañan a este eximio hombre de la palabra otros relatores del espacio conservador. Esos que califican a periodistas de militantes pero no aclaran que sus colegas del grupo Clarín son intendentes, diputados y actúan de coaching siempre entrenando amarillos en base a la posverdad
o sea mienten hasta decir basta.

Todos ellos son los grandes deformadores de la verdad. Todos con rostros enjutos y serios. Todos con la moral como premisa. Todos hablan de la verdad mintiendo a sabiendas. Todos con grandes sueldos hablando de la pobreza que ellos han logrado como colaboracionistas. Todos cipayos.

Todos partícipes de la posverdad. Todos mentirosos. Todos hipócritas, pero famosos al fin.

Y estos famosos, componentes de la superestructura cultural al decir de Arturo Jauretche, penetran en los hogares en audio e imagen. Sentados, con un vaso de agua a la derecha, son, capaces de lograr el mejor adjetivo que descalifique a los conductores de las corrientes populares
con un solo objetivo: ser alcahuetes del sistema. Un sistema dominado por la derecha donde solo satisface los deseos más perversos a una minoría que sonríe con gobiernos como el actual y con periodistas sin conocimiento, sin altura moral, pero premiados por su servilismo.

Lamentablemente la gente todavía cree en la justicia y en el cuarto poder. Ya es hora que uno a uno pasemos la posta en forma oral y sepamos que la justicia es justa solo para una élite y que el cuarto poder se transformó en un poder de cuarta. Debemos entender que alguien que no sabe relatar no puede ser el mejor relator, debemos comprender que un panelista no puede ser más sabio que un editorialista o un escritor y alguna vez debemos saber que un Feimann, un Baby, un Majul no pueden analizar la situación del país, su situación personal descalificando a aquellos que le hicieron más fácil la vida. En síntesis, la vida no es la opinión de un panelista for ever.

La vida es sustantivo, es verbo, es alegría.

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