Por Página 12   ***

Dos fotógrafas y la obra de la Tupac Amaru antes y después de la destrucción.

Silvana Lanchez fotografió las obras impulsadas por Milagro Sala en Jujuy. Laura González Vidal tomó las mismas imágenes, pero después de la destrucción a mazazos durante el gobierno de Gerardo Morales.


Silvana Lanchez y Laura González Vidal, en la muestra en la sede de la CTA.
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Imagen: Bernardino Avila

“El sueño colectivo, el fin de la salvación individual, la utopía un poco más cerca de los sin techo”. A ese “sueño colectivo” llegó la fotógrafa Silvana Lanchez, sobre finales de 2007, cuando se sumó a la organización barrial Tupac Amaru como trabajadora de prensa. Cámara en mano, Lanchez registró durante más de 7 años la obra llevada a cabo en Jujuy por miles de hombres y mujeres que, bajo la conducción de Milagro Sala, salieron a hacerse de los derechos que históricamente les habían negado. En julio de 2017, un año y medio después de la asunción del gobernador Gerardo Morales, de ese “sueño colectivo” solo quedaban algunos rastros: piletas abandonadas, vestuarios destruidos a mazazos, centros de salud cerrados y saqueados. Esa fue la situación con la que se encontró la fotógrafa Laura González Vidal, que sin conocer la obra de Lanchez viajó a Jujuy y plantó su cámara en los mismos escenarios. Meses más tarde, la lucha por la libertad de Milagro Sala y de otros compañeros, encarcelados arbitrariamente desde 2016, cruzó las carreras de ambas mujeres y las animó a armar la muestra Lo que el odio se llevó, que actualmente está siendo exhibida en la sede de la CTA. Organizada por Lola Berthet, secretaria de Cultura de la Central, la muestra puede visitarse de lunes a viernes, de 9 a 19 horas.

Lanchez y González Vidal, ambas de Buenos Aires, se conocieron en el Comité por la Libertad de Milagro Sala. “Cuando Laura me contó que había viajado a Jujuy en 2017 y tenía imágenes de las obras destruidas, le propuse juntarnos para ver si podíamos armar algo juntas”, recordó Lanchez, en diálogo con PáginaI12. El resultado de ese encuentro, para ambas, fue sorpresivo: “Cuando Laura me muestra su archivo dije ‘¡Para! Esta foto la tengo, esta también, esta también’. Y ahí empezamos a darnos cuenta de que había un montón de archivos en común, que nos habíamos parado en el mismo lugar en distintos momentos”, contó la fotógrafa.

“Cuando fui a Palpalá, por ejemplo, los vecinos me mostraron orgullosos que habían logrado esconder del arrase de Morales la balanza para pesar bebés. Y cuando vemos el archivo de Silvana, nos damos cuenta que tenía una foto de una doctora pesando a un bebé ¡en la misma balanza!”
, recordó González Vidal. “Las fotos de la hamaca también son tremendas. Ella se paró delante de una hamaca reluciente, con chicos jugando, y yo me paré delante de la misma hamaca, destruida y vacía”, lamentó. González Vidal había viajado por primera vez a Jujuy en 2016, cuando Sala recién había sido encarcelada. “Las obras todavía estaban bien. Yo me quedé impresionada. Porque te pueden contar sobre las casas, sobre las fábricas. Pero cuando vos ves el amor que hay puesto en cada detalle, no lo podes creer. Por eso me impactó tanto el nivel de destrucción que vi en 2017”, lamentó.

Entre las fotos de Lanchez y de González Vidal pasó algo más que el tiempo: pasó Gerardo Morales, pasó Cambiemos. La asunción de Morales como gobernador de Jujuy, en diciembre de 2015, y la persecución que desde entonces encauzó hacia la organización liderada por Sala marcó una bisagra. “Estas fotos muestran dos momentos. Y yo creo que uno es consecuencia del otro. Vos entendés el odio y la destrucción cuando ves lo que se construyó. Y cómo se construyó: de forma comunitaria, con las mujeres como protagonistas, consideró González Vidal. “No es casual, además, que la localidad más destruida sea Libertador, en los pagos de Carlos Pedro Blaquier”, agregó sobre el multimillonario al que la organización logró “sentar en el banquillo de los acusados” por su participación en la última dictadura militar.

“A mi me genera una tristeza tremenda. No puedo entender que la gente tenga tanto odio. Porque no se trata solo de Milagro, sino de romper obras que están siendo usadas por miles de personas”, reflexionó Lánchez. Y agregó: “Ese odio es muy fuerte. Porque es un odio de clase, de raza, pero sustancialmente es un odio histórico. Porque muchas personas, antes de la Tupac, no tenían nada. En Parapetí, por ejemplo, existía una sola litera para cinco casillas y la gente tenía que hacer sus necesidades ahí. Y cuando yo fui por primera vez a Jujuy, lo primero que me mostraron las compañeras, orgullosas, fueron los baños. Ahí hay algo que tiene que ver con la dignidad que se ve que molesta”.

La desolación que muestran las imágenes y la desesperanza que generó la reelección de Morales el domingo pasado, sin embargo, no son parte de una historia cerrada: “Lo que hicimos, lo hicimos con vocación. Y creo que si en algún momento volvemos, vamos a levantar todo esto nuevamente”, concluyó Lanchez.

Informe: Azul Tejada.

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El Parque Acuático del Barrio Tupac Amaru, en Alto Comedero, Jujuy, tal como se lo disfrutaba en 2013 y tal como quedó después de los mazazos.

______________________________La balanza para pesar a los chiquitos del Barrio Tupac Amaru, la misma que las mujeres de la organización ocultaron previendo la destrucción.

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La fábrica textil a pleno funcionamiento en el Barrio de la Tupac en Alto Comedero, en 2012, y la desolación en el mismo lugar en 2017.


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Los chicos de la Tupac podían jugar en la hamaca, en Parapeti, próximo a Alto Comedero, hasta que apareció Morales.

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La guardería que la Tupac tenía en Perico, en pleno funcionamiento en 2015 y el abandono de la misma guardería en 2017.

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Una casa que levantaron las propias mujeres de la Tupac, en Humahuaca, en 2014, y la misma vivienda desocupada e inútil, en 2017.

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