Por Red de Comunicadores del MERCOSUR   ***

Los acontecimientos que se están viviendo en la Patria Grande deben interpelarnos. Primero lo cuantitativo: México, Cuba, Nicaragua, Haití, Honduras, Panamá, Colombia, Ecuador, Brasil, Venezuela, Bolivia, Perú, Argentina, Chile y Uruguay, atraviesan situaciones que, hoy por hoy, están en cualquier agenda política y periodística.

Por lo tanto exige un prematuro desafío que es saber lo que está sucediendo en la realidad de cada uno de esos países, que factores externos e internos están jugando, que intereses geopolíticos, y financieros interactúan y cuál es el nivel de organización del campo nacional y popular en cada uno de ellos Podríamos aventurar más interrogantes y es seguro que ninguno sería desechable. Es decir, estudiar historia, analizar críticamente hechos, ver los procesos, no es una tarea pedagógica solamente, es esencialmente política e ideológica.
Hay que realizar aprendizajes. Un compañero alertaba en un twitter sobre la cantidad y diversidad de consignas que usamos en los últimos 90 años y todas esas fueron rebasadas por la realidad (desde el vamos a volver, el pueblo unido…, se van y nunca…,etc.) para terminar aseverando que había que cambiar de letra o de música, porque así como lo venimos haciendo no funciona. Es decir, ¿qué es lo que no funciona?
Hay que leer y aprender sobre la experiencia de los otros, lo cual no significa imitar modelos, pero las enseñanzas de Cuba y de la República Bolivariana de Venezuela deben ser elementos a tener en cuenta. Dos por lo menos: el altísimo nivel de formación de sus militantes -lo que redunda en niveles organizativos-  y un aparato militar que ideológicamente responde a los objetivos políticos trazados en defensa de sus propios procesos revolucionarios. ¿Alguien imagina que la Venezuela de Chávez y Maduro hubiese sobrevivido hasta ahora sin que una gran parte de sus fuerzas armadas compartieran la visión sobre la defensa de lo nacional, el anti imperialismo, la necesidad  de un desarrollo económico propio, etc? Y ambas condiciones deben ir de la mano para garantizar o defender los propios proyectos. Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre.

En este sentido vale reproducir la frase de la economista chilena Claudia Sanhueza frente a la crisis en su Nación: “…»Lo más grave no es todo esto (Ref. A lo que está sucediendo allí), sino que nuestra Carta tiene candados para que esto no pueda ser cambiado: leyes supramayoritarias, tribunal constitucional como instrumento político y el sistema binominal. Es decir, el modelo de desarrollo actual está encadenado a la Carta y a quienes lo prefieren….”

Por eso, cuando se invalidan discusiones, poniendo como argumento que hay tareas mas importantes y prioritarias, no deben negarse las urgencias, pero si establecer  mecanismos  y ámbitos donde se exprese, tarde o temprano, el cambio de las correlaciones de fuerza que lleven a una nueva Constitución, partiendo de la base que la Argentina del año 49 sigue siendo una referencia insustituible.
Pocos años después (años 57 al 63) una parte del movimiento obrero argentino, produjo: Huerta Grande, La Falda, y organizativamente la CGT de los Argentinos, con un programa que hoy por hoy no ha podido ser puesto en agenda en la realidad nacional desde la recuperación de la democracia en el año 83.

Es por ello que los llamados  a la resistencia, a la construcciòn de agendas, conformación de frentes sociales o electorales, en Argentina o en cualquier parte de América Latina, tienen que hacerse detrás de un conjunto de temas que esbocen primero y ejemplifiquen después, el modelo de sociedad a la que se aspira.

Un dato del estado de cosas en esta línea de reflexiòn lo constituye en nuestro país los planteos previos y posteriores a la “unidad”, pero en donde no se es tan insistente al discutir que tipo de unidad queremos. Veamos: las consignas que enarbolan los distintos sectores expresan su ideología, su nivel de organizaciòn, sus aspiraciones, todas o algunas en especial. El movimiento obrero argentino forjó; “unidad de los trabajadores y al que no le gusta se jode, se jode”. Estas palabras cantadas por miles, manifiestan, sin embargo, una limitación: no pudimos ir mas allá de la misma y no se pudo o supo  esbozar otra sobre  el país que queremos, el rol de los trabajadores en la economía, entre muchos otros. Es decir, una que planteara un salto de calidad a partir de la unidad alcanzada.
Es por ello que hay que dar discusiones de fondo, ¿la antítesis al “capitalismo salvaje” es el “capitalismo serio”, ese que  cuida detalles de la institucionalidad y sostiene como bandera exclusiva la defensa de los derechos conquistados?. Mas allá de los errores o déficit que pudimos advertir antes y ahora, ¿què no tenía de serio el gobierno de Ëvo Morales?
Dentro del mismo contexto, nos llevan a discusiones que tergiversan la realidad, que nos impulsan a debates no esenciales, por ejemplo: “no debe existir la grieta”, no sólo es un axioma falso (la historia latinoamericana está llena de sangre y acontecimientos que lo comprueban) sino que marginan la verdadera metodología de abordaje, que es -entre otras herramientas- establecer las contracciones principales y secundarias que existen en cualquier sociedad, como así también los intereses de clase que las expresan. Hay que construir otros procesos libertarios que miren decididamente lo que plantearon en su momento: Artigas, Bolívar, San Martín, entre tantos forjadores de independencia, y no  comprar el edulcorado relato de la Cumbre de Guayaquil, el caballo blanco para cruzar la cordillera…. o la ancha avenida del medio.
Los Estados Unidos y el capital financiero internacional tienen un plan de dominación. El control geopolítico, económico y de nuestros recursos naturales. Y lo que acaba de pasar en Bolivia demuestra que siguen con las mismas convicciones de los años 60 y 70. Es decir: grupos económicos, partidos  políticos,  fuerzas armadas, y la iglesia católica en apretada síntesis. Ahora incorporaron a muchos credos  evangélicos, pero sofisticaron su arsenal mediàtico y de golpes bajos. La CIA opera a través de la USAID, o arman ONGS al estilo de la RAP, u organismos que cruzan el entramado socio institucional de los países minando los procesos nacionales y populares desde la base.
A esto nos enfrentamos, dejemos de negar que existen las conspiraciones, con un elemento nuevo a ponderar: el rol de las policías nacionales y/o provinciales en los golpes de Estado: pasó con Correa, acaba de suceder con Evo.
Hay que tomarse en serio cosas que muchas veces parecen “de corso a contramano”, pero que luego son potenciadas y sutilmente manejadas por el enemigo.

Una muestra: siempre se hablò de la media luna boliviana con Santa Cruz de la Sierra como epicentro y su deseo de separarse del resto del país. Allì habitan los sectores economicos mas ricos, el poder real. De ese lugar partió el golpe de Estado. En Argentina representantes de las patronales del campo han advertido sobre la ampliación de las retenciones al futuro gobierno, anunciando medidas similares a las del paro realizado a CFK y agregando que se oponen a la creación de una Junta Nacional de Granos (organismo creado por el Gral Peròn para controlar la exportacion de granos, hoy manejada por las grandes cereales internacionales).
Luego de las elecciones en las redes sociales, y ante la aparición de un mapa de la Argentina donde se mostraba en color amarillo las provincias donde había ganado la derecha: Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y San Luis, comenzaron a circular propuestas de hacer un país aparte. ¿Què tiene que ver esto con lo arriba planteado? ¿Es una locura, un disparate? Esta iniciativa se viralizò fuertemente en el interior profundo.

Hoy el “cìrculo rojo” argentino ya está discutiendo y desarrollando acciones para el 2020. Ya la Embajada norteamericana establece tareas referenciadas en los golpes blandos, ya los medios (Infobae es una clara referencia en ese sentido) operan mensajes, contenidos, escenarios. ¿Què estamos haciendo nosotros? ¿Què niveles de coordinación tenemos para debatir y planificar el contrarrestar estos hechos y desarrollar nuestras propias acciones?

Discutir e implementar una estrategia es absolutamente prioritario a la par de que se van tomando medidas para atender el hambre, la marginaciòn, la salud, los jubilados, las consecuencias espantosas del neoliberalismo.
Estamos comprobando que las derechas latinoamericanas y los sectores de poder que las expresan están dispuestas a todo a la hora de defender sus intereses. Es tiempo que salgamos de creer que una buena estrategia de marketing, el uso de redes sociales, una forma de construcciòn política que se mira a si misma solamente, o una comunicaciòn que continùa sin escuchar al pueblo y prefiere decirle el “que y el como de la vida” con tecnologìas más sofisticadas, son las respuestas a tanta pregunta, a tanta barbarie, a tanta explotaciòn capitalista.
Estemos a la altura de las circunstancias.

Patria Grande, 11 de noviembre de 2019.-


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