Por Nora Merlin   ***

Nora Merlin sostiene en este artículo que la iniciativa política del “aporte solidario”, propuesto por los diputados del Frente de Todxs, presenta la dimensión simbólica del don. Más allá de la avaricia de algunos ricos que gozan de la ilimitada acumulación capitalista y no están acostumbrados a compartir o a ceder, el proyecto aprobado en la Cámara de Diputados puede constituir un signo de cambio de época. 

Bronisław Malinowski, antropólogo polaco, recogió la investigación del francés Marcel Mauss, Ensayo sobre el don, forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas, publicado en 1923-1924. El libro refería a ciertas prácticas en las sociedades arcaicas que iban más allá del intercambio mercantil, esto es, la compra-venta. Las normas y costumbres sociales de algunas tribus del Pacífico de Norteamérica y de la Polinesia, estaban organizadas por una economía del regalo, en la que los obsequios no se otorgaban por dinero o trueque.

Al antropólogo polaco le interesaba reflexionar sobre la economía de los regalos no en el sentido individual, sino como un orden común y no como dádiva o caridad, sino como un acto de donación.

Malinowski señalaba  una paradoja  ya que por un lado el don era voluntario pero al mismo tiempo también consistía en una obligación en la que toda la sociedad estaba tomada por la lógica del don como una forma de vida o de lazo social.

Se intercambiaban bienes, riquezas, cosas útiles y también gentilezas, ritos, servicios militares, danzas, ferias. Los objetos no se comercializaban y se entregaban sin un acuerdo explícito de recompensas inmediatas o futuras.

Esos intercambios, que hoy diríamos que están más allá del circuito capitalista de la mercancía, comprometían a las colectividades – clanes, tribus- no en el sentido de la deuda o la culpa, sino que presentaban efectos de hospitalidad y generosidad.

En contraposición a esas remotas sociedades, habitamos una cultura neoliberal organizada por el individualismo y la meritocracia, donde el mercado regula las relaciones sociales.

La iniciativa política del “aporte solidario”, propuesto por los diputados del Frente de Todxs, presenta la dimensión simbólica del don. Más allá de la avaricia de algunos ricos que gozan de la ilimitada acumulación capitalista y no están acostumbrados a compartir o a ceder, la propuesta aprobada en el Congreso puede constituir un signo de cambio de época.

Tal vez constituya el comienzo de una pedagogía de la solidaridad opuesta a la pedagogía de la crueldad propia del neoliberalismo, caracterizado por las obscenas figuras de la angurria, el canibalismo y la desmedida concentración del capital en unos pocos, en desmedro de las grandes mayorías devenidas en “vidas indignas de ser vividas”.

El aporte solidario, debatido democráticamente, puede perfilarse como una brújula, un nuevo pilar para la democracia, que orienta hacia una relación menos hostil, más amorosa con el prójimo y da paso a una nueva a solidaridad.


***  Nora Merlin Psicoanalista-Magister en Ciencias Políticas