Por Dolores Gandulfo   ***

A través de su rol en la Presidencia Pro Témpore, México apuesta a la recuperación del funcionamiento de la CELAC, organismo que en los últimos años fue desplazado de la escena regional por otras instancias como la Organización de Estados Americanos y el Grupo de Lima.

Se realiza en México la Cumbre de Cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la primera de las cumbres del organismo, en la que el Presidente Andrés Manuel López Obrador asumirá la Presidencia Pro Témpore del bloque regional.

Este evento, que reúne a los 33 países de América Latina y el Caribe, genera gran expectativa a nivel regional debido a que es el primero que se realiza luego del triunfo de López Obrador en México y de Alberto Fernández en Argentina, que se traduce en un contundente cambio en la política exterior de dos de los países con mayor influencia en la región.

A través de su rol en la Presidencia Pro Témpore, México apuesta a la recuperación del funcionamiento de la CELAC, organismo que en los últimos años fue desplazado de la escena regional por otras instancias como la Organización de Estados Americanos y el Grupo de Lima.

En los últimos años, América Latina atravesó un período de debilitamiento de organismos de integración existentes como la CELAC, la UNASUR y el MERCOSUR; y de promoción de nuevas instancias multilaterales como el Grupo de Lima y el PROSUR. Las instituciones de integración regional no deberían depender del signo político de los gobiernos de turno, sino de una política exterior conjunta que sea beneficiosa a la posición latinoamericana, tomando en cuenta las asimetrías dentro del continente, en su inserción internacional.

Esta cumbre nos permite poner el foco en el fortalecimiento de los mecanismos existentes. Es imprescindible contar con instituciones regionales fuertes que habiliten canales que, siguiendo la tradición de paz del continente, promuevan la resolución pacífica de conflictos, y aborden las problemáticas estructurales de la región como la desigualdad social y económica existentes; el respeto a la soberanía de los Estados y la consolidación de democracias que garanticen la participación de las mayorías y las minorías en el ejercicio pleno de sus derechos políticos.

La institucionalidad democrática latinoamericana es clave en una coyuntura que no da respiro.

El Golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia; las masivas manifestaciones en Chile y la brutal represión por parte del gobierno; la grave crisis política que atraviesa Perú; la continua crisis política e institucional de Venezuela; y las movilizaciones en contra de las políticas económicas y sociales del gobierno de Colombia.

Surgieron también fenómenos nocivos para la democracia como el Lawfare, la persecución política a líderes políticos y sociales, y la intromisión tanto de la política en procesos judiciales como de la justicia en procesos electivos.

Estos son sólo algunos de los acontecimientos regionales que moldean el contexto en el cual se desarrolla la Cumbre de la CELAC.

América Latina está hoy expectante de los próximos pasos del gobierno de Alberto Fernández.
Es momento de volver a poner en valor la integración regional y sus instituciones para poder hacer frente a los desafíos regionales e internacionales que aparecen cotidianamente en un mundo en transición.

La cumbre de la CELAC es el puntapié inicial.


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Dolores Gandulfo – Directora del Observatorio Electoral de la Conferencia Permanente de América Latina y el Caribe (COPPPAL), Directora Ejecutiva de Política Institucional de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y Profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador